martes, 14 de abril de 2015

La inundación

      No hagan caso de las apariencias. En el fondo, muy en el fondo, esto es una pequeña gran historia de amor.
 
         Después de tanto tiempo de sequía comenzó a llover. Debido a la mala filtración de la tierra empezaron  a formarse charcos por todas partes. Los más pequeños salieron disparados a saltar y a chapotear provocando incluso más inundación de risas que de agua, lo que era mucho más molesto.
 
        A través de la ventana miraba exhausto, tal vez por la emoción compartida por todo el vecindario, las reacciones tan insólitas de la gente mostrando su felicidad de las formas más variopintas posibles. Daba lástima poder corroborar la poca ambición que tenían aunque tampoco era de extrañar teniendo presente el poco rendimiento de muchos trabajando en mi fábrica. También era asombroso el contraste de su holgazanería en el trabajo con su agilidad para hacer el idiota bajo la lluvia.
    
     Me sorprendió entre tanta multitud alborotada una joven inmóvil, extraña, abrazándose a sí misma y por el gesto de su rostro; pérdida. ¡Qué lástima su aspecto! Ropas elegantes pero raídas y maquillaje corrido. Hay tanto despojo humano por ahí suelto que cualquier persona normal bien puede perderse entre tanta basura y, naturalmente, acaba formando parte de esa clase inferior.
 
    Era evidente que la tormenta iba a ir creciendo y los insensatos de la calle comenzaron a tornar sus rostros a preocupación cuando vieron que el agua les llegaba por la cintura. ¿Qué esperaban?
 
    Al final, entre unos y otros, me obligaron a distraerme de mi lectura diaria con sus tonterías. ¿Nunca habían visto llover? Sí. ¿Sabían, entonces, por tormentas de años anteriores que se convertiría en riada? También.
 

   Todos volvieron corriendo a sus casas e inmediatamente me levanté para cerrar las cortinas y no tener distracciones para poder disfrutar de mi novela. La muchacha estaba petrificada en la calle soportando como una estatua el aguacero y provocó que yo me quedara absorto contemplándola a través de la ventana.
 

    Di unos golpecitos al cristal para intentar despertarle de ese trance pero inútilmente. Llamé a Alfred, mi mayordomo, porque ni yo creí jamás que pudiera sentir angustia por algo así.
 
- ¡Alfred!¡Alfred! Busque de inmediato un chubasquero y lléveselo a esa vagabunda – ordené.
 
- Pero señor, no tenemos chubasqueros en la casa, tal vez sería mejor invitar a la señorita a pasar – contestó el insolente.
    
     ¿Qué clase de persona dejaría pasar a una completa desconocida con ese aspecto a su hogar? Alfred siempre tiene ocurrencias muy malas. Además, ¿cómo no íbamos a tener chubasqueros? Me aseguré personalmente que en nuestro almacén no faltara de nada para poder pasar el tiempo seco. Algo tenía que haber en esta enorme casa que pudiera servir. - Pues llévele un paraguas o algo – contesté.
 
- Con todos mis respetos señor, el agua le llega a esa pobre mujer por la cintura por lo que no creo que un paraguas sea de mucha ayuda – volvió a increpar con sus razonamientos.
 
- Exacto Alfred, pero en ningún caso le he pedido a esa mujer que salga de casa en un día como hoy. Vaya y quítela de mi vista, llévela a otra calle a que moleste a otra casa del vecindario – ordené finalmente.
 
- Pero señor... - tuvo la osadía de replicar.
 
- Ni peros ni nada, Alfred. Hágalo o se va usted con ella – finalicé.
 
    Me mantuve en la ventana unos minutos más para asegurarme de que mi impertinente mayordomo acataba mis órdenes. Se acerco con dificultad por la riada, le ofreció el paraguas y por un brazo se la llevo de la vista de mi ventana. La verdad es que Alfred será un insolente pero que gracia me hizo ver que, como él había previsto, aquel paraguas era algo completamente inútil con la que estaba cayendo.
 
    Regresé a mi amada lectura no sin antes servirme una taza de té para entrar en calor y encender mi pipa. ¡Por fin! La paz tan deseada. Me acomodé en mi sillón y reabrí el libro por donde lo había dejado.
 
    Unos golpes desde el vestíbulo y unos zapatos sacudiéndose volvieron a distraerme.
 
- ¿Qué pasará ahora? - me pregunté encolerizado dejando el libro y la pipa en la mesa para levantarme a ver que había sucedido.
 
    Debía ser una broma que le iba a costar su trabajo a mí desobediente mayordomo porque, quitándose las ropas mojadas, se encontraba junto a la chica dentro de mi casa.
 
- ¿Qué está ocurriendo aquí, Alfred? - pregunté completamente enervado.
 
     Él empezó a hacer aspavientos por detrás de la chica, una mímica deplorable que no pude entender. La chica debió darse cuenta y fue la primera vez que escuché su desgarradora y melancólica voz.
 
- Soy ciega, señor – murmuró derramando una lágrima – intenté decirle a su amigo que me dejara ahí, en la calle. No quise importunarle ni mucho menos invadir su hogar. Permítame marcharme, se lo ruego -.
 
- Pero, ¿se ha vuelto loca? ¡Alfred no es mi amigo, es mi mayordomo! – respondí consternado ante semejante despropósito.
 
    Ella sonrió e intentó buscarme con la mirada, ¿por qué harán eso los invidentes? ¿Qué pretenden?
 
- Es usted muy amable pero sólo me quedaré una noche. Mañana seguiré mi camino. Si como favor pudiera decirme su nombre para saber a quién debo agradecer tanta hospitalidad – dijo extendiendo su mano hacia el comedor formando entre esa dirección y mi situación un ángulo de aproximadamente treinta grados.

- Tom y ¿es usted sorda? - dije confuso.
 
- Es un hombre muy simpático Tom, pero es obvio que soy ciega. De verdad que no sabía exactamente donde se encontraba usted, habrá sido el azar. Gracias por hacerme reír, hoy ha sido un día muy duro. Mi nombre es Elvira – agregó sin darse en absoluto por aludida.
 
    En vista de mis inapreciables esfuerzos para sacarla de mi casa me vi en la obligación de aceptar su autoinvitación.
 
- La suerte no existe. ¡Ordenaré a mi mayordomo que le prepare la mejor habitación para que pueda descansar como una princesa, siéntase como en su propia casa! – dije en tono irónico mientras ofrecía una de mis más penetrantes miradas a Alfred.
 
     Tomé a mi mayordomo por el brazo y le aparté a una distancia prudente para que Elvira no nos escuchara. - Llévela al desván e improvísele una cama. Vigílela hasta que se vaya y comience a buscar trabajo porque en cuanto esa mujer salga de aquí, usted abandonará esta casa para siempre, ¿me ha comprendido bien? - susurré amenazante.
 
- Claro señor, es usted muy gentil. Piense también en que su extrema bondad ha salvado a esta buena mujer de la muerte. ¡Es usted un héroe, señor! - respondió también en voz baja mi mayordomo y con ojos de cordero degollado.
 
- ¡Basta! Esto no se lo perdonaré jamás y además no pienso pagarle, por insolente – dije soltándole el brazo.
 
     Regresé a mi despacho, en vano porque era una situación alarmante y de ningún modo encontraría la paz para disfrutar de mi libro. Caminé de lado a lado durante horas, inquieto. Por mi mente no cesaban de pasar ideas descabelladas acerca de la joven. ¿Me mataría mientras duermo? Primero tendría que encontrarme y teniendo en cuenta el tamaño de mi casa más su ceguera, sería algo improbable. Y, ¿si no fuera ciega? Tal vez era una treta para entrar y robarme vilmente con ese aspecto angelical, algo desaliñado pero hay que reconocer que ella era hermosa. O tal vez, ¿la enviarían como espía para saber si mi casa goza de reservas de agua potable? Debía cerrar las puertas del patio y del almacén. No podía permitirme que saliera a la luz que poseo un pozo rebosante incluso en tiempo seco. Esas alimañas harían lo que fuera para acabar conmigo y quedarse con él.
 
    Por otra parte, estaba intranquilo con el asunto del despido de mi mayordomo. Él sí conocía la existencia del pozo lo que me obligaba a idear un castigo o alguna forma de darle un escarmiento sin necesidad de despedirle.
 
    En resumen, el día había sido catastrófico y apenas había comenzado la noche.
 
    Tanto estrés me dio hambre así que avisé a Alfred para que me sirviera la cena.
 
    Fui a asegurarme de que estuvieran bien cerradas las puertas y cuando llegué al comedor, ¿cuál fue mi sorpresa? Exacto, allí estaba ella sentada en mi silla y comiendo mi comida. Eso sí, al menos tuvo la decencia de asearse para el convite. Vestida con ropa de mayordomo, pero limpia.

- No se priva usted de nada, Elvira. Si quiere podemos sacrificar una manada de ballenas para saciar su apetito – dije sentándome en el extremo opuesto de la mesa. Sí, ese lugar frío que estaba reservado a invitados donde incluso la silla era más baja y más ruin colocada expresamente para que yo pudiera estar desde mi trono por encima de ellos.

- Tom, qué gusto que haya llegado. Iba a esperarle pero su amigo Alfred me dijo que comiera tranquila porque usted prefiere cenar solo, ¿es cierto eso? - preguntó con la boca llena.

- Sí, disfruto enormemente de mi soledad realizando cualquier actividad. Insisto Elvira, Alfred no es mi amigo. Es más, es mi enemigo. Cenemos, por favor. No hay necesidad de romper la melodiosa armonía del silencio con su, aunque preciosa, melancólica voz – respondí intentando probar bocado.
 
    ¿Por qué tuve que decir aquello? ¿No era evidente que iba a producir en ella un efecto negativo? Craso error pedirle silencio, me habló durante toda la insoportable cena acerca de la razón de su estado de ánimo tan lamentable. Algo sobre un hombre que no la quiso o que la ignoró. ¿En serio esperaba otra reacción de un hombre? Quizás para algunos fuera una ventaja su ceguera para hacer lo que ellos quisieran y no ser descubiertos, pero teniendo en cuenta lo mucho que hablaba, tal vez preferirían que fuera muda. Dijo que él tenía ojos para todas excepto para ella. ¿Y ella qué? ¿Tenía ojos para él? Ojos tal vez sí pero para nada ni nadie.
 
     Por fin, al terminar, pude irme de allí. Más bien salí despavorido hacia mi habitación. Me tranqué y después de un rato me di cuenta que debía revisar todas las puertas antes de acostarme pero, para ser prudente de no cruzarme con ella, esperaría hasta asegurarme de que se fuera al desván.

     A causa del frenético día, me dormí. Alrededor de las cinco de la madrugada me desperté alterado. Tenía que asegurar las puertas y me había quedado profundamente dormido. ¿Y si ella ya me había desvalijado la casa? ¡Qué inconsciencia la mía!

    Salí con una vela procurando no emitir sonido alguno. El almacén estaba cerrado, mi despacho también pero cuando llegué a la puerta del patio quise gritar de rabia. 

- ¡Te pille, traidora! - la sorprendí intentando forzar la puerta vestida de nuevo con sus sucios harapos.
 
- ¡Señor Tom! No es lo que parece – lloraba sin dejar de insistir en abrir la maldita puerta. 

   Se cree el ladrón que todos son de su condición - Elvira, dejé de forzar la puerta que yo no soy ciego, ¿recuerda? - voceé. - Eres una espía, ¿no es cierto? ¿Quién te envía? ¡Confiesa! - dije tomándola por los hombros.
 
- No Tom, escúcheme. No soy una espía. Sólo quería salir de esta casa pero todas las puertas están cerradas. Me he pasado horas bajando escaleras hasta que he creído haber descendido todos y ahora, que ya estaba segura de haber alcanzado la primera planta, no encuentro la puerta de salida porque todo está cerrado con llave – contestó derrumbándose en el suelo sin dejar de llorar.

    ¿Por qué a mí? ¿Por qué tuviste que traerla, Alfred? Fue lo primero que pensé. 

- Elvira, por favor, levántese del suelo. ¿Por qué se quiere ir a estas horas con lo que llueve aún? - pregunté compasivamente sorprendiéndome hasta a mí mismo.
 
- Anoche, tras la cena, su amigo Alfred me dijo que usted no estaba cómodo conmigo en la casa y me pidió mantenerme lejos durante mi estancia para no perturbarle. También mencionó que yo malinterpretaba lo que usted me decía, que no estaba intentando ser amable y simpático. Me di cuenta de que probablemente por mi depresión vi en usted la paz que buscaba y abusé deliberadamente de su hospitalidad – balbuceó sonándose con una de las servilletas de tela de la cena provocándome una pequeña arcada.

- No pudo ver nada en mí porque, Elvira, siento recordarle que es usted ciega – aclaré.
 
    El escándalo de sus lloros tras esta frase fue insólito. Era imposible calmarla. 

- ¡Ay! ¡Qué vida tan perra! - gritaba – mi prometido me engañó y he acabado con un sádico sin alma que no me deja salir de su casa. ¿Por qué a mí? -

     ¿Por qué a ti? ¿Acaso es tu casa? Pensé. Estaba claro que, ante aquel panorama, bajo ningún concepto debía mencionar ese pensamiento.
 
- No quise decir eso, Elvira. Perdóneme. No detesto todo en usted. Es más, su voz me agrada mucho, su rostro me parece bellísimo y, a pesar de su ceguera, sus ojos son preciosos. Usted a veces es como una jarra de agua fresca y me cuesta soportarlo. Nos conocemos poco pero tiendo a ser irritante y no soy muy sociable. Habrá podido comprobar que no me gustan las visitas pero eso no significa que no sea usted una gran mujer. Si ese prometido suyo no ha sabido apreciarla es porque está completamente loco o, lo más seguro, porque es idiota. Yo la observé varios minutos tras mi ventana antes de que Alfred saliera a buscarla y he de confesar que iluminaba, a pesar de su aspecto, toda la calle bajo la lluvia -  intenté calmarla dándole unas palmaditas en la espalda.

- Gracias Tom, es usted una persona muy buena – dijo abrazándome.

    No me la podía quitar de encima. Menuda encerrona. La toqué el cabello y pensé en la gran cantidad de piojos que allí podría albergar. Tenía que disuadirla con tacto para evitar otro berrinche.

- ¡Qué grata sorpresa! Ha dejado de llover, Elvira. Salgamos al patio a tomar el aire fresco antes de volver a dormir – mencioné con un tono hipócrita y alegre abriendo la puerta haciendo grandes esfuerzos para que me soltara.

- ¿Qué hay en su patio que guarda bajo llave, Tom? - preguntó indiscreta.

- ¿No se ha preguntado nunca, Elvira, que tal vez su prometido no soporta esa indiscreción con la que aborda siempre todo? Bien, me he sobrepasado de nuevo. Discúlpeme. Se lo diré pero debe guardarme el secreto – la acerqué hasta el muro del pozo y la ayudé a sentarse en el borde.

- Sí, se lo guardaré

- Esta sentada, mi querida Elvira, en el borde de un pozo

- No me extraña que lo guarde con tanto recelo. El secreto está a salvo conmigo, es un honor saberlo, pero a cambio quiero pedir un deseo, ¿tiene una moneda? – sonrío.

    Le di la moneda y la dejo caer murmurando – deseo que regrese a por mí -.
 
   Y nos quedamos en silencio durante unos minutos antes de volver a dormir. La acompañé al desván y al fin pude descansar tranquilo.

- Señor, levántese. Traigo muy buenas noticias – gritaba Alfred interrumpiendo mi corto pero apacible descanso.
 
    Mi mayordomo, aterrado por la idea del despido, había pasado la madrugada buscando a alguien que supiera algo de Elvira. Al amanecer encontró a varios hombres que la estaban buscando. Entre ellos, el prometido asegurando que lo ocurrido no fue como Elvira lo había contado y que, debido a su ceguera, todo había sido un malentendido. ¡Pues me salió caro a mí su malentendido!
 
     Sobresaltado por haberme despertado así, le pedí que fuera más conciso acerca de lo que iba a pasar y no de lo que había pasado que era completamente irrelevante.

- Sí, señor. En un par de horas vendrán a recoger a la señorita. Debemos despertarla – concretó Alfred.

    Estiré los brazos. Por fin había terminado mi pesadilla y podría ser libre de no dejar jamás entrar a nadie más en mi hogar. A pesar del cansancio por las pocas horas de sueño, era feliz.
Me levanté de un salto y yo mismo fui a despertar a Elvira.

- Elvira, despierte. Tengo una gran noticia para usted. No se lo va a creer – dije dando golpecitos a su puerta.
 
    Ella abrió la puerta y le conté lo mismo que me había dicho Alfred. Bueno, más o menos porque para ser sincero no me importó en absoluto lo que había ocurrido y no presté mucha atención cuando me lo contó minutos antes. Resumiendo se trataba de que él la amaba y la sacaría de mi hogar de una vez por todas.

- Su pozo es mágico, mi querido Tom. Él vendrá - dijo feliz intentando palparme para abrazarme.
  
    No lo consiguió. De alguna forma supe que ella lo haría así que me mantuve a una distancia prudente y mencioné con un entusiasmo exagerado - rápido Elvira, arréglese. No hay tiempo que perder - quitándome así el apuro de contraer alguna enfermedad.

   Ella, completamente emocionada, me pidió que aguardara tras la puerta mientras se arreglaba para ayudarla a bajar.

     Desayunamos y no tuve objeción en que ocupara mi trono. Total, en unas horas sería todo mío. Tampoco me importó la voracidad de Elvira no sólo con su desayuno sino también con el mío.
 
     Nos acomodamos en la sala de estar esperando ambos impacientes y emocionados. 

- ¿Está mi vestido muy roto? - me decía nerviosa.

    El entusiasmo era tal que mis respuestas eran sorprendentemente agradables, me sentía lleno y vivo – aunque fuera un saco de esparto, usted siempre está bella Elvira -.

    Tocaron el timbre. Nunca había sentido tanta emoción al escuchar ese estridente sonido, pero era maravilloso. La ayudé sin dudar a levantarse y nos dirigimos al vestíbulo. Alfred abrió la puerta. 

- ¡Elvira, mi amor! ¿Estás bien? - preguntó el prometido entrando sin permiso.

- ¡Oh! ¡William! Amor mío, no debí dudar de ti. Tom y su mayordomo me acogieron y me cuidaron. Tom me salvó de la inundación ayer -. Se fundieron en un beso y aproveché para empujarles de nuevo hacia la salida.

- Muchas gracias Tom. Nunca le olvidaré como tampoco mi deseo concedido – fue lo último que escuché decir a Elvira mientras cerraba la puerta.
 
     Respiré aliviado y feliz. Extendí los brazos y me dejé embriagar por la sobriedad de mi hogar y su calma. Me di cuenta de que mi recompensa era mi amada novela y me esperaba, celosa seguramente, desde el día anterior en el despacho.

- Adiós señor – me sorprendió Alfred con las maletas acercándose a la puerta.

- Pero, ¿ahora qué pasa? -

- Estoy despedido, ¿acaso lo olvidó? -

- Querido Alfred, en este momento estoy tan feliz que olvidaré lo sucedido. Tan solo le quitaré un mes de paga. Prepare inmediatamente un té y llévemelo a mi despacho, no se demore – contesté.

- ¡Oh! Gracias señor. Es usted tan gentil y tan buen... -

- ¡Basta o le despido de verdad!- finalicé dirigiéndome a mi despacho.

     Desde entonces, siempre que releo esta novela, no puedo evitar mirar a la ventana. Deseo con todas mis fuerzas que llueva a raudales y que, con suerte, ella aparezca de nuevo frente a mi casa.




29 comentarios:

  1. ¡Pero que historia más bonita! ¡Qué romántica! Me ha encantado tu primer relato largo. El pobre Tom ya no podrá disfrutar tanto de su soledad. Encontrar el amor sin saberlo, y perderlo sin saber que lo has perdido. Precioso, en serio. Por cierto, no se me ha hecho nada largo. Un besillo guapa.

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    1. Muchas gracias María. Fue un buen escarmiento para Tom, seguro que a partir de ahora empieza a admirar a los niños que saltan en los charcos. Besos guapa!

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  2. Muy buena historia, magnifica la construcción de los personajes y diálogos, coincido con María: no me pareció largo debe ser porque es bueno. Comparto :)

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  3. Un romántico argumento de película pero, a diferencia de muchas de estas, nada empalagoso; al igual que el final, mucho más creíble y real que el feliz de casi todas. Un relato con personajes perfectamente construidos y unos diálogos excepcionales. Una trama bien montada, bien estructurada, que nos hace experimentar una gran lectura e identificarnos con sus personajes y la situación.
    Hablas de la soledad de un hombre nada sociable, arrogante y sin escrúpulos, que a simple vista se siente bien con ello; sin embargo, su egocentrismo queda en peligro al entrar en su vida esa mujer ciega, de la que irremediablemente, llega a enamorarse o apreciarla, aunque su carácter le impida reconocerlo. Todos los humanos tenemos nuestra parte delicada y sensible, a pesar de que muchos nos empeñemos en mantenerla oculta bajo una dura coraza de arrogancia, y tú muestras esa vulnerabilidad con maestría en esta historia de amor contenido. Me gustó muchísimo, Ana. Felicidades por ese gran relato.
    Un abrazo.

    P.D.: el nombre del mayordomo me hizo gracia...

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    1. Vaya comentarión, Ricardo!!! Muchas gracias. Todos tenemos algo de Tom pero también de Elvira. Son extremos :) El nombre inicial del mayordomo era Sebastián pero me pareció exagerado,jaja. Un abrazo!!

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  4. Gran relato Ana, una historia humana sobre diferentes tipos de ceguera, aquella que no nos deja ver las formas del mundo y la que no nos deja ver el contenido de estas, un gran personaje Tom, me recordó al Sr.Scrooge de Cuento de Navidad de Dickens y Elvira al fantasma que deja mella en su triste alma solitaria, un ser avaro y egoísta que se verá inmerso en una extraña y breve relación que avivará su olvidada sensación de amar y la añoranza de ser amado. Un relato envolvente y de profunda lectura. Una maravilla.
    ¡Abrazos Amiga de las Letras! ;)

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    1. Muchas gracias Edgar :) Sí, tiene bastante de ese personaje pero no se trata de resolver sus traumas, hay gente que es así porque es así. No hay un problema no superado., simplemente son mezquinos,jaja. Un abrazo, amigo

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  5. Muy buena historia, Es atrapante, imposible dejar de leerla una vez que se empieza. Dos personajes opuestos, Elvira agradecida con alguien que jamás quiso ayudarla y que de hecho ella fue quien lo ayudó a él a bajar un poquito su coraza. El mayordomo es más sabio de lo que parece, aunque eso le haya costado un mes de paga. Un cuento con mucho para reflexionar.
    Muy bien llevada la historia, un gran relato y un gran final.
    Me hizo reír lo de la manada de ballenas.
    Abrazo fuerte, Ana!

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    1. Muchas gracias Federico. Me alegra haberte hecho reír Lord Dark. Quise hacer ver que Elvira no ve el mal (es inocente y no se da cuenta de eso). También, por otro lado, que nadie es tan malo como parece Tom. Todos estamos en la cuerda floja hacia uno y otro lado. Quizás el que menos roza los extremos es Alfred, bueno y astuto :) Un abrazo fuerte

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  6. Un hermoso cuento, Ana sobre como dejar a los demás entrar en nuestras vidas. Bsos

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    1. Gracias Fer!!! Y de como sacarles aunque en el fondo no queramos!!!! jaja, besos

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  7. Qué relato tan curioso y tan bueno, Ana. No he podido evitar sonreir en muchos momentos de la narración, tan descarado y tremendo era el egoista comportamiento del anfitrión. Pero al mismo tiempo se va haciendo más humano y generoso incluso a su pesar gracias a Elvira. El argumento tiene divertidísimos toques absurdos que te enganchan y hacen que no puedas dejar de leer.

    Diría que sobre todo es un cuento con moraleja, una historia de amor como bien decías al principio, aunque no haya una princesa obvia ni un héroe al uso. Es absolutamente genial, lo he disfrutado mucho!!!!

    Un super abrazo de madrugada :)

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    1. Qué trasnochadora!!! Muchas gracias Julia. Sí, un amor que no pudo ser pero no pasa nada excepto que él verá la vida un poquito de otra forma :) Besos

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  8. Ana L. ese románticismo te pierde, nos pierde a muchos, pero la vida es así hecha de costumbres, amores, odios y desarraigos.

    Uno quiere vivir su vida confortable, en su mullida torre de marfil, lejos de todo conflicto abandonado al cultivo del propio yo, cuando de repente te aparece una mendigo/mendiga a desordenarte las cosas y lo que es peor, a enseñarte a través del espejo, todo semejante es un espejo, que tus esperanzas eran mezquinas y pobres al contacto con esa realidad que es el otro, del que desconfiamos pero de la que nos sentimos atraídos a ves sin saber muy bien el motivo.
    Desde la originalidad de tu historia se percibe una mirada esperanzada a esta realidad tan jodida que tenemos que soportar.

    Muchos besos

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    1. Ese ves es un veces como una catedral :)

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    2. Pues claro que sí, esa es la actitud y el resumen de esta historia: JODIDOS PERO CONTENTOS!!! jajaja. Muchas gracias Max, tal vez ese ves que es un veces sea como la Catedral de León!!!!! Muchos besos y gracias

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  9. Ana¡¡, pues claro que es una historia de amor .
    qué buenos los diálogos de Tom, destilan la ironía de la que el propio personaje habla.
    Me ha pasado como a Federico, que no he podido despegar el ojo del relato.
    Me ha gustado mucho y suscribo lo dicho por Edgar, dos tipos de ceguera.
    Por cierto, el final,..me ha encantao¡¡ soy una sentimental .-)

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    1. "Es la historia de un amor como no hay otro igual..." bailemos Clara! jaja. Me alegro que te gustara, un abrazo enorme guapísima y gracias

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  10. Soberbio Ana.
    De lo mejor que te he leído.
    Saludos.

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    1. Gracias Alejandro. Eres muy amable. Abrazo (que saludo ni que ocho cuartos!)

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  11. Magnifico relato Ana. Me ha gustado la forma como lo has narrado. La actitud de Tom me ha llevado a pensar que el también esta un poco ciego, sumido en su propio mundo de soledad y egocentrismo. Le salió mal su acto de generosidad para poder conformar su conciencia. Pero además esta Alfrerd que mas bien parece el álter ego de Tom.

    Gracias y comparto...saludos.

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    1. Muchas gracias Francisco. Tal vez Tom dependa más de Alfred que Alfred de Tom. Son un equipo :) Me alegro que te gustara porque es mi primer relato largo. Un abrazo

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  12. ¡Qué mal me cae Tom! #SeSabe ¡Aaaarg! Tenía muchísimas ganas de liarme a sartenazos con él, ¡qué cegato estaba el pobre! Pero su ceguera está muy alejada de mirar con los ojitos, sino con el Corazón... ¡Qué rabia de hombre! u.U Aunque me alegro mil que, al final, desease ver de nuevo a Elvira... Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde por su propia ineptitud...
    Eso sí... ¡Me ha encantado la Historia! He sonreído como una bobica ante la dulzura y al ternura de Elvira, me he echado algunas risas con Alfred (¡Qué crack! ¡Qué forma de desobedecer! xDDD) y... Bueno... Con Tom... Vale, en el fondo (pero muy mucho, prácticamente de manera imperceptible ;P), me ha dado un poco de lástima... ¡Soy demasiado sentimental! Por lo que, además de sartenazos, añado un par de collejas, para que aprenda la lección y, la próxima vez que llueva, haga la Danza de la Lluvia...
    ¡Besitos Gaupiti! ;)

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    1. Pues dale duro, si te vas a sentir mejor,jaja. Muchas gracias Campanilla y besos :)

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  13. Puf, con tantos comentarios halagadores a uno se le quitan las ganas de dejar otro, pues te los vas a acabar tomando como rutina y te inmunizarás y dejarán de hacerte ilusión, será un "buah, otro comentario pelota", por tanto, voy a ser la nota discordante y te voy a hacer un comentario negativo para que tengas algo diferente que te haga ilusión.

    Pues a mí..., a mí..., me ha encantando también, ¡hala!, te fastidias.

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    1. jajaja, gracias Poeta Borracho. Es que Elvira quizás ¡ESTABA LOCA POR PACO! jajaja. Un abrazo y gracias por leer, comentar y qué bueno que te gustó :)

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  14. Muy buen relato Ana Lía.
    Me encantó como definiste a tu personaje principal y su relación con Elvira.
    Muy entretenido.
    Felicidades.
    Muy buen trabajo.

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    1. Qué dosis de mi blog te has pegado Lucía, muchas gracias. Un fuert abrazo :)

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