viernes, 10 de octubre de 2014

El Dios oscuro y silencioso

    Los gritos de la gente siempre están fuera de lugar y por eso lo ocupan todo. Son tan descarados que no dejan a la calma intervenir en ningún momento. Por esa razón, Isaac permanecía inmóvil en su cama. Fue inútil su intento de cerrar las ventanas y las puertas, bajar las persianas e, incluso, apagar la luz. Ya nadie respetaba la intimidad porque habían olvidado la plenitud de compartir un instante con uno mismo. Eran malos tiempos para diseñar alguna estrategia que aplacara el miedo de la gente por la oscuridad y el silencio así que era más fácil buscar la salvación personal.

    A pesar de todo, él lo intentó. Seguían llegando a sus oídos los ruidos de las voces pero puso toda su concentración en ese momento hasta que, por fin, abrió los ojos.

    ¡Bendita evasión! Pensó para sí mismo. Estaba creando su mundo. Cualquier otro que hubiera estado ahí pensaría que era un mundo hostil y tétrico pero era por la superficialidad que caracteriza a los comunes. Había deseado tanto ese momento que puso en cada detalle todo su ingenio. Siempre supo que estaba preparado para ese instante de placer pues lo había estado esperando toda su vida.

    Para él era fantástico inventar tonos de oscuridad que, por supuesto, si alguien lo hubiera visto, al pertenecer al común de los mortales, no hubiera distinguido unos de otros. Simplemente vería una oscuridad profunda y extrema que le obligaría a temblar de terror.

    Una vez hubo detallado la nueva gama de color, se centró en el sonido. Había escuchado tanto ruido que incluso la melodía más sonora le resultaba odiosa. Le surgió la necesidad de crear una nueva medida que determinara los tipos de silencio y suprimió absolutamente el sonido. Fue haciendo correspondencias y combinaciones de medidas y grados de silencio con tonos de oscuridad construyendo así un nuevo universo.

    Otro cualquiera que hubiera estado ahí se hubiera muerto del miedo porque para la gente común sería un infierno.

    Esta era la base de su todo. Sólo faltaba eliminar cualquier cosa que le recordara el mundo del que pretendía huir. Así fue olvidando a la gente, cualquier persona conocida o no conocida. Pensó por última vez en sus padres y hermanos, luego en sus amigos, también en su esposa, hijos y nietos; en los compañeros del hospital, otros médicos y enfermeras con los que pasó demasiado tiempo entre gritos. Lo más curioso fue que en ninguno de esos pensamientos hubo una reacción, ni buena ni mala. Simplemente olvidó todo.

    Su cuerpo cayó hacia un lado de la cama. Su esposa escuchó el golpe y fue corriendo a ayudarle. Intentó incorporarle pero fue inútil. En uno de los intentos algo cayó al suelo. Ella lo recogió. Era un frasco de cristal con una pegatina donde estaban las letras de Isaac y decían “Prueba #367 Sarín: Schrader, Ambros, Rüdiger y Van der Linde ”.

    Isaac siempre fue un soñador. Su máxima era un universo oscuro y silencioso por lo que con esfuerzo y sacrificio, lo consiguió.


a las sombras del pasado que, por fortuna, mata el tiempo

16 comentarios:

  1. El autismo antiimpuesto tiene muchos adeptos, yo lo ensayaba mucho de pequeño y hasta creaba historias de países desde la Edad Media hasta la actualidad mientras intentaba dormirme.
    Creo que entiendo bien a tu Isaac y me gusta como has relatado su progresivo abandono a su propia nada. Me mola.
    Te paso una entrada sobre ruidos urbanos en mi serie sobre el detective privado Fiz Arou:
    http://suicidasperezosos.blogspot.com.es/2012/09/perforando-mi-descanso-kaskarilleira.html
    Abracetes

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    1. Muchas gracias Max. Acabo de leer tu link. Impresionante. A todos nos está ensordeciendo tanto maldito ruido. Un abrazote

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  2. Muy bueno, Ana Lía!
    Un relato fantástico con aires solipsistas y, como siempre, el final es inesperado.
    Abrazo.

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    1. Muchas gracias Federico. Acabo de buscar "solipsista" y sí, muchos aires. Me quedé atrapada pero sigo leyendo. Un fuerte abrazo

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  3. Buen relato Ana Lía, y un buen final, feliz noche :))

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  4. Seguro que en el mundo de los espíritus encontrará la paz que buscaba. Excepto cuando lo llamen en las sesiones de ouija para preguntarle quien es y que es lo que quiere. No hay descanso ni para los muertos.

    Buen relato Analia, da una visión diferente de la tradicional sobre la muerte.

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    1. Muchas gracias Santiago. ¿Para cuándo una sesión para que Isaac nos cuente? XD, Un abrazo

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  5. Me ha encandilado desde el principio. Un buen relato.
    ¡Un besín!

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    1. Muchas gracias Gema. Me ha encantado ese besin porque en León no solemos dar ni besos ni besotes, siempre fueron besines. Un besin para ti también.

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  6. Que buena narración Ana Lia! Fue fascinante la descripción de las etapas. Aunque se vislumbra el desenlace, el final es poderoso.
    Excelente Ana.
    Felicitaciones.
    Beso.

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    1. Muchas gracias Ricardo. He empezado a bailar. En cuanto tenga técnica, me paso al tango. Un abrazo enorme.

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  7. Es muy bueno, recién lo descubro, a veces también a mi me gustaría vivir en una isla desierta: Alejándome de la locura insana del mundo. Final fuerte, me ha gustado... Casi uso la misma imagen para mi relato "El ultimo hombre" (La Tierra envuelta con nubes). Abrazo.

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    1. Muchísimas gracias Carlos, eres un sol. Un fuerte abrazo :)

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  8. Hola Ana
    Bendito silencio pero no hasta esos extremos!
    Un relato muy interesante

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    1. Muchas gracias, Paola :)
      Ya, lo escribí hace mucho tiempo. Paranoias
      Beso, hermosa

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