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miércoles, 27 de mayo de 2015

Jericó

Desgastados los pies de estar quietos
que no saben ya dejar huella
quieren despegarse del suelo
y sentir que vuelan.

No me acompañó la canción
y me quedé cantando a capela
desafiné en cada nota
y me rompí hasta las cuerdas.

Esta tonta caída eterna
sólo quiero hacerla volando
y no ver el suelo de frente
ni que me acompañe el llanto.

Pienso mirar a las nubes
y en el vaivén de un silbido
caer como pluma mecida
sin pensar en destinos.

Y no habrá canciones
y no habrá poetas
tan sólo el sonido
de vientos y piedras.
Y no habrá pasado
y no habrá ni olvido
ni habrá esta canción
que el aire se lleva.

De Jericó hubo una rosa
que esquivaba los charcos
porque prefería estar seca.


viernes, 6 de marzo de 2015

La magia de la gramola

- ¿Qué es eso, señorita Celie? - mencionó apuntando a la gramola.

   Era impactante tenerle en mi salón mientras a través de la ventana se veían todos esos OVNIS no tan desconocidos ya para los seres humanos.

   Sus dedos eran extremadamente largos y finos, su piel brillaba y por aquellos dos enormes apéndices en su espalda bien podría haber sido un ángel si no fuera porque no eran para volar.

    Era gracioso observar sus movimientos imitándome. Se sentó en el sillón frente a mí exactamente igual que yo. Sostuvo su taza de té como si fuera mi reflejo en un espejo con una excepción, él no bebió. Estos alienígenas no consumen ni la comida ni la bebida humana.

- Aunque me halaga, es señora. Es un antiguo objeto que produce música. Se lo mostraré si es que después de tantos años aún quiere funcionar esta vieja gramola - dije levantándome a por uno de los viejos discos de mi colección, esos que había dejado como recuerdo de tiempos mejores; lo coloqué con sutileza, era mi favorito, y puse la aguja.

   Mis caderas no pudieron evitar el vaivén que "Cheek to cheek" provocó en mi marchito cuerpo. La melodía también debió calar fuerte en sus dos extraños pares de oídos porque se acercó colocando su mano en mi hombro y movió sus tres dedos al son de la música. Le sonreí y le miré fijamente cantando con susurros la canción.

   Fue toda una sorpresa descubrir que algo de nuestro mundo le emocionara tanto. Incluso creí reconocer también una sonrisa en su frío rostro.

- Los humanos tenéis una sensibilidad especial, señorita Celie. Sois destructivos como nosotros pero he de confesarle que estoy impresionado por este hallazgo - comentó deslizando su larga mano hasta mi cintura con un gesto que me hizo intuir que quería bailar.

- ¿Quieres bailar? - pregunté con asombro.

- ¿Bailar? ¿Qué es bailar? - respondió asustado dejándome acercar mi cuerpo peligrosamente al suyo.

   Noté su respiración sobre mi frente, el gélido aire que desprendía de aquella horrible boca. Cerré mis ojos y le sentí. Él me apretó la mano mientras nos movíamos lentamente. Sé que también llegó a sentirme tal como yo a él. Abrí los ojos y le acaricié su áspero rostro. Me miró con sus profundos ojos negros y me separó brutalmente y aterrorizado.

- ¡No! ¡Suélteme! No quiero bailar. No estoy aquí para esto. Apague la música, señora Celie. No puedo bailar con usted, les estamos invadiendo - dijo rompiendo la magia y poniéndose en posición defensiva apuntándome con aquellos dos apéndices a la cabeza. 

   Es posible que aún esté preguntándose porqué no me mató.



   

lunes, 23 de febrero de 2015

Living easy, living free by Pedro Fabelo

   En mi infinita modorrura, hace pocos días, acepté un reto de Pedro Fabelo para interpretar la famosa canción de AC/DC a través de un vídeo en G+. La sorpresa ha sido tener ¡UN RELATO PARA MÍ DE MÍ ESCRITO NADA MÁS Y NADA MENOS QUE POR PEDRO FABELO! Sí, sí, el de "absurdamente". Dejo aquí el vídeo (jajaja, tened piedad), el blog de Pedro (recomendadísimo) y el relato que me ha escrito :)

El vídeo:



El blog de Pedro Fabelo:


El relato de Pedro Fabelo:

ANA LÍA TO HELL

    Todo sucedió de la forma más absurda. Normal, estando “él” en medio de todo. ¿Y quién es “él”? Pues Pedro Fabelo, naturalmente. ¿O debería decir, “absurdamente”?

    Pero mejor empiezo por el principio.
 
    Él, es decir, Pedro, después de verme en un vídeo que subí a la red tocando la guitarra eléctrica y cantando, me sugirió hacer una versión del Highway to hell de AC/DC y subirlo a mi muro de Google Plus. Yo, que de pura leonesa no me arrugo ante nada ni ante nadie, decidí hacer realidad su petición. Así que, guitarra en mano, y mientras esperaba a que se completase el ciclo de la lavadora, puse el móvil en marcha y me grabé en vídeo tocando y cantando mi propia versión de ese clásico inmortal.
    
    Lejos de achantarme subí el vídeo a la red y, para mi sorpresa, empecé a recibir comentarios favorables. ¡Y yo que creía que me iban a sacar a gorrazos de la comunidad Google!
 
    Pero ahí no quedó la cosa. Lo más extraño sucedió unos días más tarde. Yo estaba recogiendo mi cuarto cuando me sonó el móvil. Descolgué.
 
¿Hola? –oí que alguien me decía al otro lado del hilo telefónico–. ¿Eres Ana Lía Rodríguez?
 
Sí. ¿Quién es usted? –repliqué.
 
Mi nombre es Roger McMagnus, y soy el mánager de AC/DC –dijo aquel tipo–. Verás, los chicos han visto tu vídeo haciendo tu propia versión del Highway to hell y les ha encantado.
 
Será una broma –dije.
 
No. Una broma es Madonna, que en los directos canta en playback y nadie dice nada. Esto va en serio.  
 
Júreme que no se trata de una broma –dije.
 
Te lo juro por la memoria de Bon Scott. Y mira que para mí Bon es sagrado.
 
Lo cierto es que el tono de voz de aquel tipo me sonó bastante serio, lo cual hizo brotar en mí la duda. ¿Y si estaba diciendo la verdad?
 
Supongamos que decido creerle. Los chicos han visto el vídeo. ¿Y? –dije.
 
Pues que los chicos han pensado que serías una sustituta perfecta para Malcom ahora que el pobre está malito. Dime, ¿estarías interesada en salir de gira con nosotros como guitarra rítmica y coros?
 
¡¡¿Qué?!!
 
Lo que has oído –dijo el tal McMagnus–. ¿Qué me dices?
 
Pues le digo que está usted loco de atar.
 
Es normal que no me creas. Lo entiendo. Yo también dudaría si un chalado me llamase por teléfono diciéndome que he sido elegido nada más y nada menos que por AC/DC para salir de gira con ellos con todo lo que ello implica: limusinas, suites de hotel, una legión de fans devotos a tus pies, una cuenta corriente holgada, groupies masculinos...
 
Un momento. ¿Qué es lo último que ha dicho?
 
¿Te refieres a los groupies masculinos?  –dijo McMagnus–. También tenemos groupies femeninas, si ése es tu deseo. Quiero decir, que podemos ajustarnos a tus preferencias. Somos bastante liberales en ese sentido. Una vez trabajé para un grupo de pop y los muy capullos me pidieron montárselo con un burro, ya sabes, como en la peli Despedida de soltero, así que imagínate si estoy curado de espanto. Tú pide por esa boquita y yo me encargo de proporcionártelo.
 
Vale. Acepto.
 
¿Qué aceptas? ¿Montártelo con un burro? 
 
No, hombre. Ir de gira con AC/DC.
 
Ah, vale. Perfecto –dijo McMagnus–. En dos horas pasará una limusina a recogerte. ¿De acuerdo?
 
Sí. Vale. De acuerdo –dije.
 
Bienvenida a bordo, Ana Lía.

    Y así fue como gracias a un simple vídeo subido a la red acabé siendo contratada nada más y nada menos que por AC/DC para irme de gira con ellos. ¿No es alucinante? Absurdamente alucinante, diría yo. ¡Nos vemos en el Infierno!
 
♪Living easy, living free, season ticket on a one-way ride...♪







MUCHÍSIMAS GRACIAS PEDRO PORQUE HA SIDO UN DETALLAZO Y ME HAS HECHO MUY FELIZ. ADORO LOS SUEÑOS LOCOS Y ESTE ES EL MEJOR QUE HE LEÍDO PORQUE ME HAS HECHO PROTAGONISTA. UN BESO GIGANTESCO

martes, 3 de febrero de 2015

viernes, 16 de enero de 2015

El lamento de una piedra


Quise romper la mañana a pedradas
pero fue muy tarde y rompió a llover.
Tu nombre ululaba reclamado por rendijas
y, con las mismas piedras, las tapé.

¡Quién fuera simple mortal en tu mundo
para gozar a diario de tu ingrata sonrisa!
¡Quién fuera tu sueño en las noches
para aliviar las pesadillas que te acosan!

Quise desnudarme en tus lamentos
pero fue tu caricia entorpecida y basta
la que envistió a mi locura desatada
y, con los mismos llantos, la calmé.

¡Quién fuera simples llaves perdidas
para ser rebuscada por los rincones!
¡Quién fuera pensamiento que aturde
para disolverme dejándote libre!

Quise decirte ¡joder, que te quiero!
¡No te vayas! ¡Quédate aquí conmigo!
Y a mi lado descansa tranquilo 
olvidando cualquier pena.

Quise decírtelo porque por ti, 
solamente por ti, vivo
pero por ti también 
estoy lentamente muriendo.



jueves, 8 de enero de 2015

Caricia de blues

- Has cambiado - le susurré entre lágrimas separando sus manos de mí.

- No es verdad, soy el mismo de siempre - me respondió sentado en la cama y agarrándome de nuevo con fuerza por la cintura. 

    Acercó mi cuerpo a su boca para descender sensualmente con sus húmedos labios, cargados de cálidos besos, poco a poco, desde mi ombligo sin dejar de enfocar su fóvea en el interior de mis pupilas buscando disolver mi rayo azul y seduciendo de nuevo a mi alma.

      Me volví a soltar de él suavemente y le di un un beso entre los remolinos de su pelo iluminado por la luz de neón que entraba por la miserable ventana. Metí mi guitarra en la funda y le miré por última vez.

Tienes razón, perdóname. La que ha cambiado soy yo - le dije de espaldas abandonando medio desnuda la habitación del motel.



domingo, 7 de diciembre de 2014

Sueño helado


Devuélveme olvido el deseo
de una mirada inocente
que sólo persigue sueños
entre los copos de nieve.

¡Detente tiempo perverso!
Detente tan solo un momento
y calma el temperamento
que ya encontré tu noción.

Mira esa estrella de hielo
bailando por la ventisca
dibujando bajo abetos
los presentes ya fugaces.

Miraba detrás de la puerta
escondida sin resuello
esperando la sorpresa
y temblando de emoción.

Discúlpame tiempo de nuevo
por perderla sin cesar
pero es que al caer la escarcha
me trajo olvido un recuerdo,
que mucho se lo agradezco,
de una niña tras la puerta
que soñando con el hielo 
no quería despertar.




martes, 2 de diciembre de 2014

Para el Poeta Amante

Un año más de inspiraciones
y de pasiones envueltas
en cálidos versos
y sensuales deseos

Un año de hermosos sueños
entre letras de un poeta
que en cada una de sus líneas
deja su corazón abierto

Un placer Señor Cernuda
que Alfredo lleva por nombre
y por hombre que me enseña,
además de poesía.
con extrema delicadeza,
sensualidad y ternura.



dedicado a Alfredo Cernuda

lunes, 24 de noviembre de 2014

Canción de sal

Llora el viento por el puerto
y grita la mar, ofendida,
a las rocas impasibles;
sin prestar atención 
a los cantos de sirena
que a pesar de la tormenta
encantan a marineros
para intentarlos ahogar.

Surcan mis dedos la arena,
curiosos, con ansiedad,
con su rumbo perdido;
formando corazones rotos
esperando tempestades
y, con ellas, más naufragios.

Rompe la ola en mi cuerpo
cubriéndome hasta los pechos
de blanca espuma marina.
Oigo silbar a bufones
que inician mi ritual
y me tiro nadando a la mar
buscando más navegantes
a los que poder encantar.







martes, 18 de noviembre de 2014

Diamantes

- Me he propuesto bailar con la más bella así que, ¿me concede este baile hermosa dama? - dijo Guido tomando su frágil mano.

- Será un placer, mi apuesto galán - respondió Dora mirándole provocativamente.

    Se tomaron por las manos y comenzaron juntos un suave vaivén. Cerraron ambos los ojos y se fundieron dejándose llevar por la armoniosa melodía del silencio.

- Siempre la amé mi querida Dora. ¡Cásese conmigo! - imploró él.


- ¿Casarme otra vez? No es necesario. Ya nos hemos demostrado amor eterno estos últimos cincuenta años - susurró ella acariciándole la cara.


miércoles, 1 de octubre de 2014

Las cuerdas, el corazón y el bolero

    Sonaron las primeras notas procedentes de una vieja radio. La vibración de esas cuerdas envolvió no sólo el cuarto. Los sonidos se escaparon por puertas y ventanas llegando a muchos oídos que sorprendidos dejaron sus quehaceres para prestar atención.

    Con sus manos en la guitarra enamoró a todas las damas porque no sólo usaba dedos, ponía en ello su alma. Bailaba él con su instrumento y provocaba con ello que los muchachos del pueblo lo hicieran con las muchachas. Comenzó así la verbena y fue pasando la noche con las parejas formadas. Unos reían y otros lloraban pero todos lo hacían de felicidad.

     ¿Todos? Todos no. Había un rostro diferente entre tanta multitud.      

    Una nota tras otra lo era todo y era nada pues tan solo con oírle hasta al amor enamoraba. En su secuencia de negras, de blancas y de corcheas había una pequeña nota que descubría tristeza. ¿Por qué tan triste esa nota? ¿Qué le pasó a la guitarra?

    Era una pena muy grande que no era del instrumento sino más bien de quien lo tocaba. Todos se dieron cuenta y pararon de bailar. Quién sabe la razón por la que dejó de tocar si ni él estaba a la vista y tampoco los vio parar.

    Una brisa de aire helado recorrió toda la plaza. Los muchachos con sus chaquetas cubrieron a las muchachas. La brisa siguió su camino por las puertas y ventanas llegando por fin a la radio para atravesarle el alma.

    Se quedó todo en silencio, él derramó una lágrima y sin poder evitarlo, un ciento o dos más que cayeron sobre las cuerdas formando una curiosa canción.

    En el pueblo, desconcertados, miraban a su alrededor y de pronto una voz, entre ellos, se escuchó. Las cuerdas de esa garganta, de un marchito corazón, seguían la misma pauta obligando a las parejas buscarla con la mirada. ¿Quién era esa dulce voz?

    Encontraron el origen y quedaron asombrados. El desgarro de esa voz a todos hizo llorar. Rodearon a la anciana y la escucharon cantar. Vieron volar al sonido explorando por el pueblo rincones y recovecos buscando no sólo a la guitarra sino también a su dueño.

    Nadie sabe la razón pero en ese mismo momento el guitarrista dejó de llorar. La escuchó por un instante y luego empezó a tocar en el momento oportuno dibujando filigranas que llegaran a esa voz. Se buscaron así estos, entre la gente, por la plaza y al fin, frente a frente, se fundieron en uno sólo formando la melodía que todos los que lo vieron, entre alegría y tristeza, lo llamaron El Bolero.

    Acabó la canción de pronto impidiendo a los amantes continuar con su amor. Hubo quejas por doquier pero ya era amanecer y muchachos y muchachas volvieron a sus quehaceres vaciando así el lugar.

    Quedó en soledad ella en medio de la enorme plaza y con lágrimas en los ojos nunca paró de cantar deseando, con su amante, algún día poderse encontrar.

    Suena así todavía hoy en la vieja radio esa agridulce canción:

… Espérame en el cielo
cariñito adorado
que si Dios te ha llevado
fiel te juro ser yo…



sábado, 16 de agosto de 2014

Panorámica


     Cuando llegó a lo alto sólo pudo mirar a su alrededor. Echó incluso la vista atrás. Miró hacia bambalinas viendo todo a lo que había renunciado, a todo el sufrimiento pero inmediatamente miró a la sala y ahí vio su recompensa. Una de las mayores de su vida.


     Estaba sobre el escenario más majestuoso jamás conocido donde muy pocos han podido llegar. La iluminación de la candileja era el atardecer más Jermoso que había visto nunca. Tomó a pequeños tragos oxígeno intentando recuperar el aliento. Acababa de interpretar, hasta la fecha, una de las más grandes obras de su carrera. Uno de sus mayores ascensos. Con esa obra enfrentó sus más terribles temores y también aprendió a amar y a olvidar el odio de todo lo que en su camino se cruzó.

     
    La orquesta le dedicó un concierto por su increíble representación, el susurro del viento silbando entre cada una de las rocas con la percusión de los más pequeños hierbajos chocando entre sí. Respiró profundamente dejándose envolver por aquel maravilloso sonido.


     Se acercó lentamente al proscenio para poder sentir la inmensidad del momento mientras cerraba sus ojos. Notó, por unos instantes, la inmortalidad.


    Ya en el borde abrió de nuevo los ojos para ver a su imponente público y gozar de sus aplausos en forma de canto de chovas piquigualdas. Como todo buen artista, dedicó una reverencia hacia los palcos donde se hallaba su público más destacado como eran Doña Peña Santa de Castilla al frente o a Don Friero a su izquierda. También se permitió el lujo de lanzarle unos besos a Doña Palanca porque sabía que la conquistaría a la mañana siguiente aunque lo mirara receloso Don Torre del Llambrión.


     Después del gesto de aprobación de los más importantes de la sala dirigió su mirada a la platea. Les dedicó igualmente una reverencia y saludó, con especial cariño, a los que se había encontrado en su increíble camino y con los que había hecho una gran amistad como Pablo con su delantal. Incluso se quitó el sombrero cuando vio en el gallinero a su amigo Rupicapra.


     Las luces de las candilejas se fueron apagando poco a poco y el telón, ese inmenso mar de nubes, fue cerrando la preciada estampa.


     Pasaron los años y el virtuoso artista representó obras excepcionales en teatros muy reconocidos internacionalmente. Siguió maravillándose con sus estupendos públicos pero algo en su interior le hacía siempre recordar que donde dejo el corazón fue siempre en el Macizo Central.


     Acudió de nuevo al Teatro de la 20 con la 64 por la calle de Asotín para recuperarlo. Cuando pisó el escenario de feldespato, cuarzo y mica; miró impactado a la sala. Todo su público estaba allí reunido para ovacionarle. Sintió una presión en su pecho al verlos a todos de nuevo. Lloró de felicidad. Fueron tantas sus lágrimas que fue esta vez Doña Palanca la que lo quiso besar y fue justo ahí cuando se dio cuenta, como muchos de nosotros, que cuando ese tremendo Collado te deja conquistarlo, el corazón le regalas como moneda de cambio.


sábado, 9 de agosto de 2014

Lapsus

- Para y estira las piernas.- dijo Eva recostada en el asiento del copiloto. 

- No, prefiero llegar del tirón.- contesté. 

- ¡Qué terca eres! A ver si vamos a tener un accidente.- replicó la prudente. 

    Eva siempre ha sido muy mal agorera pero la quiero igual. Ese día estábamos muy cansadas y necesitábamos llegar a casa a dormir. El fin de semana había sido bestial. Apuré tanto la diversión que sólo íbamos a dormir una hora antes de ir a trabajar. Estaba agotada pero había merecido la pena. Nunca había bailado ni reído tanto como en esa fiesta. Creo que fue el fin de semana más feliz de toda mi vida. Lo habíamos pasado genial en el festival pero fueron muchos días sin dormir. 

    Continué conduciendo y al cabo de una hora noté que mis ojos querían cerrarse. Abrí la ventanilla y fumé un cigarro. Eva estaba roncando. Me mantuvo alerta varios minutos pero llegó un punto en el que me derrumbé. No recuerdo bien el momento. Sólo recuerdo levantar mi cabeza del volante y estar parada en la cuneta rodeada de árboles. Me asusté. Giré la cabeza para ver a Eva y ahí estaba, profundamente dormida. 

    La desperté agitándola y pidiéndola disculpas por no haber seguido su consejo. Comencé a llorar. Ella, muy alarmada, se despertó. La espanté con mi reacción. 

- Cálmate. Estoy bien. Estamos bien. No ha pasado nada.- dijo abrazándome. 

    La devolví el abrazo y después me ofreció un cigarro y un trago de café del termo. 

    Cuando nos relajamos, decidimos salir a dar un paseo y refrescarnos. Eva metió en su mochila el tabaco, el termo y media botella de agua que quedaba. Yo cogí la guitarra y me puse el frontal. Bajamos del coche y lo cerré por si tardábamos en volver. Faltaban pocas horas para el amanecer. Al alejarnos del coche escuchamos un sonido estremecedor. Encendí el frontal e iluminé el coche. Se lo estaba tragando una raíz gigante y todo a nuestro alrededor estaba cambiando de apariencia. 

    Nos pegamos espalda contra espalda gritando y pidiendo auxilio. Una luz azul cegadora empezó a envolver todo, fue cambiando a verde y más tarde a rojo. Cambiaba cada vez más rápido. Eso era aún más aterrador. De pronto, el suelo se volvió cristal negro y podíamos vernos reflejadas. Era insólito. Nos agarramos fuerte de las manos y volvimos a abrazarnos. Eva me dijo lo mucho que me quería con la cara llena de lágrimas y cuando quise decirle lo que sentía, un fuerte ruido empezó a inundar todo. Parecían voces humanas. Grité pero Eva me hacía un gesto de negación porque no le llegaba el sonido de mi voz. Nos arrodillamos tapándonos las cabezas. El ruido era cada vez más fuerte y se entremezclaba con golpes metálicos completamente sincronizados como si una tribu estuviera haciendo un ritual para violarnos o devorarnos. 

    Cesaron las voces de personas pero los golpes no. Miré a Eva a los ojos. Me iba a levantar. Necesitaba saber que estaba pasando. Ella me agarró de los brazos y se empezó a incorporar conmigo. Estábamos muertas de miedo. Nos pusimos de pie y nos giramos. Puse mi mano sobre mi frente como si fuera una visera intentando ver algo que se movía al compás de los golpes en la cegadora luz. Agarré mi guitarra para poder defendernos. Avanzamos hacia esas figuras con pequeños pasos y de pronto todo se apagó, incluso el frontal. Se quedó todo a oscuras y en silencio. Palpé a mi derecha para encontrar a Eva. Me dio la mano y se la apreté con todas mis fuerzas. 

    Una pequeña luz blanca iluminó mi guitarra. Tenía miedo y no entendía lo que ocurría. Comencé a tocarla. Una suave melodía para que no pensaran que era un arma y evitar que nos hicieran daño. Eva se puso a cantar de una forma muy dulce. En ese momento, otra luz la enfocó a ella y nos asustamos tanto que chillamos. Un conjunto de voces y aplausos estalló en ese momento. Regresaron las luces cegadoras y nuestra apariencia también había cambiado. Eva llevaba un traje de cuero negro ajustado y unas botas de, al menos, quince centímetros. Su rostro estaba completamente blanco excepto sus ojos delineados perfectamente en negro y sus labios completamente rojos. Yo noté una presión en mi pecho. Tenía un corsé blanco, una minifalda con vuelos y unas medias de red. 

    Miramos al frente y pudimos ver a miles de personas vitoreándonos. Comenzó un solo de bajo y me vi en la obligación de acompañarlo con la guitarra. Una increíble batería empezó a seguirnos y Eva comenzó a cantar de nuevo pero esta vez sacó su parte más heavy. Era una maldita locura. Estábamos dando un conciertazo ante miles de personas en un lugar que no conocíamos pero lo estábamos gozando. Saltábamos sobre el escenario cantando y gritando. La gente nos aclamaba. Muchos lloraban estirando sus brazos hacia nosotras. Se apelotonaban en la primera línea donde los guardias de seguridad evitaban que se pudieran acercar. Eva y yo nos miramos. También habíamos sido fans. Retrocedimos unos pasos y nos dimos la mano. Cogimos carrerilla y nos lanzamos hacia el público. 

- ¿Vas a hacerme caso y a parar un rato? De todas formas llegaré tarde a trabajar.- dijo Eva despertándome del pequeño letargo. 

- Tienes toda la razón. Vamos a ver el amanecer y a tocar un poco.- le contesté aparcando el coche.


A Ruth Fernández García, la mejor persona y mi mejor amiga (1979 - 2016)

viernes, 8 de agosto de 2014

El hombre que, con una manzana, robaba besos a las cabras.

    Existe una tradición muy peculiar que consiste en hacer bailar a los caballos. Comienza la música y con señales acústicas en forma de silbido procedentes de un ser humano, el caballo comienza a dar saltos al compás de la melodía. Suena bonito, ¿verdad? Pues no lo es. Cuando entiendes y comprendes el proceso para que un animal haga algo tan antinatural para él como es bailar, no resulta tan divertido.


    El problema de que mucha gente continúe haciendo daño a los animales es porque nadie ha logrado cambiar la percepción de los abusadores y de aquellos que lo ven y permanecen impasibles. Podrán imponer penas pero cuando paguen su sanción o salgan de prisión, volverán a maltratar a los animales porque en la mayor parte de los casos es por ánimo de lucro. Hay muchos ejemplos: la tauromaquia, peleas de perros, peleas de gallos, contrabando, la persistente necesidad de tener animales salvajes en un domicilio por parte de verdaderos idiotas que enriquece a quien los vende,....


    Hay personas que no parecen personas porque su humanidad es exageradamente mayor que la del resto pero, sin embargo, parece que carecen de ella. Se pueden mezclar con todo tipo de personas porque pueden parecer inhumanos y también, las personas más maravillosas del mundo. Son los encantadores. ¿Por qué encantadores? Porque todo lo encantan. Viven en simbiosis con el universo completo. Siempre hallan el equilibrio en todo. No se dan a conocer teniendo ese tremendo don por eso casi nadie sabe de ellos. Yo una vez descubrí a uno.


    Hablar mediante silbidos es un arte. Muy pocas culturas pueden hacerlo y fue resultado de lo lejos que se encontraban las casas en las aldeas. Para pedir cualquier cosa a sus vecinos los gritos eran algo molestos y es por lo que empezaron a silbarse. Con el tiempo, cualquier palabra o frase iba adquiriendo su traducción en silbidos.


    El encantador vivía con este pueblo. Era inteligente y por eso era uno de sus mejores silbadores. Era respetado pero a la vez, invisible. Nadie conocía su origen. Él aparecía entre los árboles y por el mismo lugar se marchaba.


    La primera vez que lo vi me resultó gracioso. Estaba apoyado en la valla de un camino que impedía que se escaparan las cabras de un pastor. Llevaba un palo enorme y un sombrero de paja. Nos cruzamos en el camino y me miró de reojo. Miré al suelo y a los pocos segundos me volteé por curiosidad. Me quedé perpleja mirándole. Se puso una manzana en la boca, se subió a la valla y se inclinó hacia adelante. Inmediatamente, una de las cabras fijó la mirada en él y se lanzó a sus labios como si de una historia de amor se tratara. Era obvio que la motivación era la manzana pero aun así fue muy divertido y estallé en una carcajada. Me dí la vuelta y continúe mi camino. El Encantador me siguió por dentro de la valla durante unos pocos pasos. Volví la mirada y comprobé que la cabra lo seguía como hipnotizada.


    Maestro era un hombre mayor que se encargaba de entrenar a Andares, el caballo más elegante que he visto en mi vida. Su piel tenía el mismo brillo que la luna y hacía que se viera plateado como si en algún momento fuera a batir sus alas y a emprender el vuelo. Todo a juego con su crin que comenzaba grisácea hasta llegar al blanco nuclear. Un ejemplar maravilloso.


    Me senté sobre la hierba bajo la sombra de un durazno. De frente vi tres troncos clavados en el suelo formando un triángulo. Allí llevaron a Andares y le ataron al bocado las tres sogas que lo sujetaban a los tres palos. Maestro se colocó en uno de los laterales traseros de la bestia con una vara. Otro hombre hizo lo mismo por el otro lado. Comenzaron a vocear y a silbar mientras daban varazos en la patas del caballo. Me sobresaltaba con cada golpe. Fue espantoso. No me atreví a intervenir y evitar la salvajada que estaban haciendo. No tuve valor. Sólo miraba hacia otro lado o cerraba los ojos.


    Cuando acabó la paliza el Encantador apareció entre los árboles. Andares estaba completamente sudado y posiblemente muerto de sed así que lo llevaron cerca del abrevadero para bañarlo. Me ofrecieron hacerlo y me acerqué por el sentimiento de culpabilidad de no haber impedido tremendo abuso. Le froté la piel notando los calambres que aún le daban y le enjaboné la crin. Me acerqué a su rostro y lo miré a los ojos. Él desvió su mirada y me dio a entender su odio hacia mí por no haberlo ayudado. Me sentí la persona más malvada del mundo.


    El encantador se acercó con un saquito de azúcar. Se echó un poco en la mano y llamó a Andares: ¡Oh! ¡Andares! Tranquilo Andares.-


    El caballo se le acercó y lo miró. Fue el único destello brillante que vi en su mirada ese día. Creo que con el Encantador se sintió, al menos por unos minutos, a salvo y feliz.


    Pasaron los días y no podía dejar de pensar en lo que había ocurrido. Seguía sintiéndome mal por no haber hecho nada para ayudar a Andares. Me invitaron a ir a una lunada y me pareció muy buena idea porque llevaba noches sin dormir y necesitaba evadirme de aquel horrible sentimiento de culpabilidad.


    Compramos la comida y la bebida, cargamos nuestras mochilas y nos reunimos para concretar un lugar adecuado. Apareció de pronto el Encantador que se sumó a la excursión. Recomendó subir a un cerro desde el cual íbamos a poder ver una noche preciosa. Nos pareció bien a todos y comenzamos la ruta.


    Llegamos a lo alto del cerro y empezamos a preparar el fuego y la comida. Mientras cenábamos, observamos el cielo. Estaba completamente estrellado. Se distinguía a la perfección cada una de las constelaciones. Era maravilloso y una gran evasión de lo que en los últimos días había inundado mi mente. De vez en cuando se dejaba caer alguna estrella fugaz. Fue muy curioso que convergieran cerca de Pegaso que me devolvió mi terrible sentimiento.


    El encantador puso sus brazos sobre su cabeza simulando estar atado. Comenzó a levantar sus piernas imitando el baile que obligaban a hacer a Andares mientras silbaba y voceaba. Nos preguntó: ¿Qué sentirá Andares cuando le obligan a hacer esto?.-


    Todos los que allí estábamos nos quedamos en silencio. Algunos miraban al suelo y otros, a su alrededor pensativos. Nuestros rostros tornaron a un aspecto más triste y reflexivo. Nos cambió la percepción esa imagen y esa pregunta. El Encantador comenzó a silbar mientras miraba el fuego. Lo miré y me devolvió la mirada. Me sonrió y me guiñó un ojo. Fue justo ahí cuando entendí que iba a recordar siempre aquellos varazos sobre el cuerpo de Andares, aquellos calambres mientras lo bañaba y aquel desvío de su mirada cargada de odio hacia mí.


    El juez que reafirmó mi condena pero a la vez aseguró que no hubiera reincidencia, ese es el Encantador.