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lunes, 22 de mayo de 2017

Mortales palabras inmortales

Son espadas las palabras 
que se dicen para herir.
Sus hojas son afiladas
y desangran lentamente
en las guerras y en amores
que se muere hasta la vida
por las flores
que algún día
no estuvieron tan marchitas
y no son para decorar
tristes y podridas tumbas 
de los que aunque ahora muertos
aún están caminando en vida


jueves, 10 de marzo de 2016

Para nunca más volver

- Quiero llevarte conmigo al lugar donde habitan las hadas, quiero creer que existe y allí seremos niños para siempre. Ya no tendría que venir a hurtadillas en la noche al bosque para verte, tampoco iría a la ciudad a ese estúpido colegio ni tendría que volver a ver al tío Luke. ¡Sí! ¡Seguro que existe! Cazaremos dragones y acabaremos con todas las brujas. Tendremos un sinfín de aventuras maravillosas. Tú podrías ser una hermosa sirena y nadar libre en el mar. Yo, un gran mago o, quizá, un temido pirata que acabará siendo encantado por tu dulce voz - susurraba dibujando con su navaja un corazón en el árbol.

Ella le miró asustada. Con sumo cuidado le arrebató el arma y huyó entre la maleza. Él la siguió - ¿dónde vas? Pero, ¿qué te ocurre?

- ¡Yo no soy una sirena! - gritó la niña deteniéndose y enfrentándole.

- Cuando estemos allí podrás ser lo que tú desees - replicó el niño extendiéndole la mano.

- ¡Jamás vendrás conmigo! - contestó ella desplegando dos brillantes alas en su espalda - allí no queremos humanos tontos que lo destrozan todo - y se fue volando para nunca más volver.



viernes, 12 de junio de 2015

7814


- Disculpe, ¿qué hora tiene, señorita? - me preguntó temeroso por mi probable reacción de espanto.

Su rostro reflejaba con claridad el imperdonable paso del tiempo. La melancolía en cada una de sus arrugas era evidente a simple vista y su aspecto era atroz. No era más que un mendigo. Fue su mirada limpia la que me eclipsó, una mirada que detenía el tiempo. Detrás de toda esa fachada cargada de, tal vez, malos recuerdos y una gran cantidad de mugre; había un fondo de paz, un alma pura.

El agua sacudía con fuerza los cristales frontales del autobús. El chófer permanecía inconsciente o muerto sobre el volante. La gente gritaba histérica y todo se volvió un infierno. Justo cuando iba a rendirme, a morir asfixiada entre el resto de personas que se atrincheraban en la parte trasera mientras el agua comenzaba a anegar en segundos todo; él me tomó por el brazo, rompió uno de los cristales laterales y me empujó fuera del vehículo. Él intentó salir tras de mí pero la apertura era muy angosta y fue imposible.

Fui, desgraciadamente, la única superviviente de ese trágico accidente. Han pasado muchos años y no he dejado de pensar en su mirada de resignación a través de esa pequeña apertura del cristal mientras era engullido por el lago. Se convirtió en una obsesión. Si tan solo hubiera podido responderle a su pregunta o decirle sin más – estoy aquí, no estás solo -. Sólo hubieran sido suficientes unos segundos más, unos pocos segundos más.

Hice la prueba número 7814 de mi máquina del tiempo. Fueron tantas que el pesimismo me acompañaba sin remedio, no pensé que sería la definitiva.

El viaje fue extraño pero directo y perfecto, según lo planeado. Llegué a la última parada y escondí la máquina entre la maleza. Como era de esperar, el autobús paró. Vi al chófer, me sonrió. Pagué mi boleto y no me alejé de él para evitar que se durmiera. Giré levemente el rostro y le vi. Enjuto, melancólico, justo detrás de mí mirando a través del cristal. También estaba yo, distraída como siempre estaba antes.

En el instante que rebasamos la entrada del puente escuché su voz. ¡Cuántas noches de insomnio había recordado aquel seco timbre y cuántas veces había deseado escuchar de nuevo su pregunta para regalarle mi respuesta!

- Disculpe, ¿qué hora tiene, señorita? - preguntó a mi yo pasado, temeroso.

Me distraje un momento, sin querer, con el recuerdo pasado que me trajo su voz. Regresé a la realidad y miré al conductor. Ya estaba casi dormido. Le grité y tomé el volante para evitar el choque. Logré salvar la caída al lago aunque tuve que dar varias sacudidas que tumbaron el autobús en el asfalto.

Perdí la consciencia unos minutos. Desperté por los quejidos de la gente atrapada entre los asientos. Alguien lloraba.

Otra voz entrecortada se mezclaba en el ambiente – estoy aquí, no estás sola.

El llanto cesó y al girarme le pude ver abrazando a mi yo pasado e intentando detener la hemorragia que me había provocado un cristal roto de una de las ventanas laterales, pero sin éxito. Fui, afortunadamente, la única víctima de ese trágico accidente.



miércoles, 27 de mayo de 2015

Jericó

Desgastados los pies de estar quietos
que no saben ya dejar huella
quieren despegarse del suelo
y sentir que vuelan.

No me acompañó la canción
y me quedé cantando a capela
desafiné en cada nota
y me rompí hasta las cuerdas.

Esta tonta caída eterna
sólo quiero hacerla volando
y no ver el suelo de frente
ni que me acompañe el llanto.

Pienso mirar a las nubes
y en el vaivén de un silbido
caer como pluma mecida
sin pensar en destinos.

Y no habrá canciones
y no habrá poetas
tan sólo el sonido
de vientos y piedras.
Y no habrá pasado
y no habrá ni olvido
ni habrá esta canción
que el aire se lleva.

De Jericó hubo una rosa
que esquivaba los charcos
porque prefería estar seca.


martes, 19 de mayo de 2015

Lujuriosa cereza

- Muérdeme los labios y dime a qué te saben - susurró desnuda pasándose unas cerezas por la boca y chupándolas con lascivia.

Él se acercó, tomándola por la cintura, y de un mordisco se los arrancó dejando a la vista toda su mandíbula. Después sacó un pañuelo y le limpió con ternura la sangre que le brotaba por la barbilla.

Ella, sin tan siquiera intentar hablar, le observaba excitada masticarlos.

Él se los tragó y dijo - Supongo que así saben los labios del vecino pero sé que no volverá a ocurrir, ¿verdad, mi amor? -.


sábado, 25 de abril de 2015

Tiempos de burbujas


Con cada errada puntada
de esta triste aguja sin hilo
cada vez me doy más cuenta
que no debo coser burbujas
que guardan tiempos perdidos.





sábado, 18 de abril de 2015

Algún día


   Apoyada sobre la pala miraba asombrada la poca porción de cielo que podía observar desde aquel agujero rojo como un infierno. El sol casi estaba en su cenit y no aguantaría mucho más. Estaba empapada en sudor y su cantimplora apenas tenía agua para poder continuar cavando tres o cuatro horas más.

- ¿Qué miras, Milly? - le preguntó su hermano pequeño desde arriba deslizando una cuerda con un panecillo dentro de su pequeño sombrero tejano. 

- El cielo, Charlie. Es lo único que hay hermoso aquí. ¿Sabes qué? Algún día estará lleno de cohetes surcándolo en una y otra dirección, de un planeta a otro. No importará que tan lejos esté el destino. Los grandes trayectos los harán en cápsulas de hibernación porque un ser humano no puede viajar distancias tan largas, moriría sin haber salido del Sistema Solar. Tal vez tú y yo podamos ir a un planeta fértil que tenga océanos, montañas, ríos y lagos como la Tierra antes de contaminarse. Allí seremos libres y jamás tendremos que volver a cavar – soñaba en voz alta muy sofocada. 

   Merendó y bebió un pequeño trago de la cantimplora. Luego, la colocó en el sombrero para que su hermano la izara y bebiera lo que quedaba. Tomó una bocanada del polvoriento aire y retomó su excavación con las fuerzas que pudo concentrar. 

- ¡Vamos, hermana! Sé que tú puedes. Si lo consigues podremos ir de vacaciones en esos cohetes que dices. Yo no hibernaré y así, cuando despiertes, seré mayor que tú y me tocará a mí cuidar de ti – animaba el niño completamente ilusionado con la idea de viajar por el espacio. 

- Sí, Charlie. Construiré un cohete de lujo con el dinero y juntos nos iremos a través de las estrellas a buscar nuestro paraíso, tal como mamá y papá hubieran querido para nosotros – dijo sin apenas aliento. 

   Tras varios minutos haciendo un esfuerzo sobrehumano, clavó la pala en la tierra. Exhausta, recargó su cuerpo sobre el mango y cerró los ojos. 

- Milly, ¿estás bien? - preguntó Charlie obteniendo sólo silencio. - ¿Milly? ¡Contéstame, por favor! ¡Milly! – gritaba asustado. 

   Una lágrima asomó entre las pestañas de la joven, se desprendió con suavidad y cayó verticalmente produciendo una honda en aquel charco que comenzó a cubrir sus destrozadas botas camperas. Reaccionó de pronto, completamente histérica, lanzando su sombrero al aire - !Yija! ¡Encontré agua! Tenemos un maldito pozo en esta estúpida tierra, Charlie. ¡Somos ricos! -. 

- ¡Qué me aspen, Milly! ¡Eres la mejor, hermana! Vamos a celebrarlo. Comámonos todos los frijoles de lata y asemos esta noche malvaviscos – dijo llorando de felicidad el pequeño. 

- Tengo una idea mejor, Charlie. Ve a por las latas y los malvaviscos. Yo iré al pueblo a cambiar algo de agua por combustible. Luego arrancaremos el viejo cohete y pasaremos la noche en Deimos porque estoy harta de esta maldita tierra marciana – dijo mientras salía empapada del pozo a causa de la gran cantidad de agua que ya brotaba como un géiser.

 



sábado, 28 de marzo de 2015

Decadente

La decadencia comienza cuando no hay ni deseos de buenos días,
cuando las palabras por buenas ofenden
y cuando de la hipocresía se hace virtud.

También si el perdón se utiliza abusado
se transforma en fina costumbre
y, con el tiempo, en obligación;

y potencia y acelera,
siendo tan mala causa como mala consecuencia,
entrando en un bucle mayor.

Es un final en sí la decadencia
por lo que después de ella
ya no hay lugar para consentir un error.

Quizás un error se perdone. 
Tal vez dos puedan pasar
pero más de esa cantidad
líbrate de perdonar.

La decandencia comienza cuando,
por haber permitido tanto,
empiezas a entender a la fuerza
que no debes perdonar más.


Ilustración de Francisco de Anda

viernes, 20 de marzo de 2015

Flores cortadas

Manifiesto femenino que no feminista


    Un buen guiso puede hacerse con papas o simplemente con arroz o legumbre pero lo que es fundamental para darle el mejor sabor, además de la carne, es la cebolla y bien troceadita.
 
   Los años pasan y la práctica rebanando hortalizas convirtió a Berta en toda una experta aunque nunca hubiera tomado clases de cocina excepto aquellas que ofrece sin más la vida, esas de asistencia obligatoria por culpa de la necesidad. 

    Es probable que lo más común entre todas las mujeres del planeta sea la adquisición de una increíble división de la atención por la necesidad de atender al resto. En primer lugar, desde niñas deben jugar tanto a las cocinitas como a las muñecas entre las que cabe destacar a las Barbies (la rubia perfecta que curiosamente todos los hombres desean pero ninguno valora) y las que son bebés con todos sus complementos, incluso "popo" de mentira para aprender a limpiarlo.
    Más tarde, en estudiar para hacerse una mujer de bien pero con mucho cuidado de no olvidar su aspecto físico para poder encontrar en el futuro un "buen" marido.
 
    Una vez que su día necesite 38 horas para poder atender tanto su trabajo como su quehacer doméstico, debe prepararse para ser mamá y, por lo tanto, sumarle al día otras 24 horas más.
 
     Las lágrimas de Berta caían sobre la cebolla recordando como poco a poco, el tiempo y las circunstancias, habían hecho que en su vida, dividir así la atención fuera lo más normal del mundo. Incluso absorta en esos pensamientos su destreza con el cuchillo era impecable. Su llanto crecía exponencialmente a medida que rajaba la cebolla intentando entender el por qué a las flores se las corta y recorta haciendo que pierdan así su aroma.

- Mamá, ¿por qué lloras? - le dijo su hija de cinco años abrazándole una pierna.

- Es por la cebolla, mi vida - dijo secándose con el mandil disimulando que lo que hace es cortar cebolla para poder llorar tranquila.


lunes, 16 de marzo de 2015

La verdadera y escalofriante historia de la infravalorada hermanastra menor de Cenicienta


- ¿No sería maravilloso acudir a un baile real? Pero claro, no podría ir con estos harapos. Sería maravilloso tener un Hada Madrina que compusiera mi vestido y me retocara el cabello. Y, ¿por qué no? Que me quitara estos kilos demás, que me dejara una cintura de avispa y también le diera a mi blanca piel un tono más caribeño. Podría transformar mi vieja bicicleta en una magnífica carroza y para rematar la fantasía, calzar mis destrozados pies con unos zapatos de cristal. Así el príncipe se enamoraría locamente de mí - soñaba en voz alta Cenicienta limpiando el laboratorio ilegal de metilendioximetanfetamina que se encontraba en el desván.

     Las hermanastras, Drizella quien estaba acomplejada por un gran bigote y Anastasia que siempre tuvo problemas de sobrepeso; la miraban atónitas. Acto seguido, bajaron veloces al salón y alertaron a Lady Tremaine, la madrastra, de que Cenicienta estaba otra vez colocada.
    
      Enfurecida, Lady Tremaine, ordenó a Drizella que mandara bajar a Cenicienta y esta acató ipso facto la orden.

      Pasaron los minutos, más de cuarenta y cinco, ya había pasado la medianoche; y en el salón ninguna se presentaba. De pronto, se escucharon unas risas y una dulce voz que cantaba "Eres tú mi príncipe azul que yo soñé".

      Harta de soportar a tanta yonqui, la madrastra subió escoba en mano. Su sorpresa fue ver a Drizzella colocar una pantufla llena de "cristal", pero del polvo MDMA, a Cenicienta.

- Pero, ¿qué os habéis creído que es esto? Aquí se viene a trabajar, malnacidas - las gritó dándolas fuerte con la escoba. -¡Anastasia! ¡Anastasia! Ven inmediatamente a seguir trabajando y a solucionar este desaguisado - gritó desesperada la madrastra por toda la habitación.

     Escucharon un motor de helicóptero posarse en al jardín. Se asomaron las tres desde el ventanuco del desván. De él salía un apuesto hombre que esperaba con los brazos abiertos a Anastasia. Ésta sin dudar las hizo un corte de manga y las gritó justo antes de subirse al aparato - Estoy harta de vuestros continuos ataques, de vuestros negocios ilegales y de que siempre tenga que solucionar yo los platos rotos además de ser torturada. Me voy con mi hombre que seguramente me dará también palizas pero al menos él es multimillonario y no me obligará a trabajar. Despídeme de las chicas. ¡Adiós pendejas! -.

- Señorita Anastasia, su vuelo la espera - dijo amablemente el galán.

- Llámeme Ana, señor Christian Grey - finalizó subiendo al helicóptero.

El color de mañana

El futuro está teñido
de suspiros que provocan
los recuerdos de los momentos
felices que jamás tuvimos.



domingo, 15 de marzo de 2015

La varita mágica

- Es un honor entregar esta varita mágica a la alumna más aventajada que ha pasado por La Escuela de Magia de las Hadas Madrinas. Será tu deber hacer el bien y deberás hacer buen uso de la magia de la varita para que no se vuelva en tu contra. Aquí acaba un ciclo pero empieza la aventura de tu vida donde la bondad, la justicia y la magia serán fundamentales para que concedas a los cuentos finales felices – habló con sabiduría la Gran Hada Margory, rectora de la Escuela, ante toda la comunidad de fantasía.

  Entregó la varita mágica al Hada Azul y ambas se hicieron una reverencia. Ésta, alzó su recompensa por tantos años de estudio frente a todos los asistentes. - ¡Larga vida al Hada Azul! - gritó uno de los presentes levantando su sombrero.

- ¡Larga vida!  - respondieron todos al unísono lanzando sus sombreros al aire.

La Gran Hada Margory se acercó al Hada Azul para susurrarle - Cargas una gran responsabilidad, utiliza la varita con precaución. Eres el Hada más preparada y más bondadosa que he conocido. Deseo que puedas hacer llegar el bien a todos los rincones del mundo y que jamás te veas tentada por la oscuridad-.

- Es un honor y obraré con responsabilidad pues creo que, como todos los seres de todos los mundos, la magia está en cada uno de nosotros y, por lo tanto, sin ánimo de ofenderla, creo también que la varita no es más que un trozo de madera que carece de poderes – respondió con una reverencia muy sorprendida al recibir una sonrisa de la Gran Hada
.

- Por esto eres la más aventajada - finalizó la rectora haciéndola un guiño cómplice. 




viernes, 13 de marzo de 2015

La Ciudad de los Sueños


    Sentado en la copa del árbol esperaba el atardecer, uno de los momentos más mágicos del día. 

     Suspiré esperando el gran momento. La esperanza jamás se debe perder. 

   En el horizonte comenzaban a aparecer con sus pijamas y los más pequeños, abrazando sus juguetes. - Cada vez dejan de venir a edades más tempranas - pensé para mí mismo mirando el panorama. 

   Toqué el cuerno para avisar a la Ciudad. 

   ¡Luces artificiales activadas!¡Noria girando!¡Algodón de azúcar listo!, gritaban los habitantes ultimando preparativos. 

    Y así, como cada noche, una vez puesto todo en marcha bajé del árbol para asegurarme que no llegaran pesadillas que aumentaban a medida que disminuían los soñadores. Nunca pensé que un sueño pudiera sorprenderme a mí. 

   Son tiempos difíciles, cada vez son menos los que llegan. A pesar de todo, nunca se debe desistir. 

   Siempre nos hablaron, nuestros antecesores, de otros tiempos donde nuestra ciudad siempre estaba iluminada, tanto de día como de noche sin utilizar luces artificiales; pero no podía evitar pensar en que tal vez exageraron para alimentar nuestra ilusión y que tan solo podíamos considerar esas historias leyendas que jamás existieron. La realidad era que nuestra Ciudad estaba destinada al olvido.

   Meditando sobre todas estas cuestiones me vi sorprendido al mirar de nuevo al horizonte esa noche, había muchas más personas. Lo más increíble fue que entre los niños también llegaron muchos humanos adultos haciendo brillar más que nunca el mundo de los sueños. 

   Los antiguos tenían razón. Incluso ahora, que se han ido los soñadores porque ya es amanecer, sigue brillando con la misma fuerza nuestra Ciudad. ¿Será que los humanos también sueñan despiertos?

 

lunes, 9 de marzo de 2015

Disparate


Dime tú si no es de locos
perseguir la libertad,
tan veloz y tan despierta,
tan amada y deseada,
tan soñada y tan fugaz.

Cuando crees atraparla
ya la ves en horizontes
imposibles de alcanzar.

Cómo juega muy traviesa
escondida en un instante,
en un suspiro, en un sueño,
en un verso, un pestañeo;
seduciendo sin cesar.

¿No será que pide auxilio
como princesa en su torre
para poderla salvar?

Sólo lo saben los locos
que viven en disparates,
con su yelmo y su rocín,
cabalgando en horizontes
¿imposibles de seguir?

"Clavileño" Óleo de Carlos Osorio

lunes, 23 de febrero de 2015

Living easy, living free by Pedro Fabelo

   En mi infinita modorrura, hace pocos días, acepté un reto de Pedro Fabelo para interpretar la famosa canción de AC/DC a través de un vídeo en G+. La sorpresa ha sido tener ¡UN RELATO PARA MÍ DE MÍ ESCRITO NADA MÁS Y NADA MENOS QUE POR PEDRO FABELO! Sí, sí, el de "absurdamente". Dejo aquí el vídeo (jajaja, tened piedad), el blog de Pedro (recomendadísimo) y el relato que me ha escrito :)

El vídeo:



El blog de Pedro Fabelo:


El relato de Pedro Fabelo:

ANA LÍA TO HELL

    Todo sucedió de la forma más absurda. Normal, estando “él” en medio de todo. ¿Y quién es “él”? Pues Pedro Fabelo, naturalmente. ¿O debería decir, “absurdamente”?

    Pero mejor empiezo por el principio.
 
    Él, es decir, Pedro, después de verme en un vídeo que subí a la red tocando la guitarra eléctrica y cantando, me sugirió hacer una versión del Highway to hell de AC/DC y subirlo a mi muro de Google Plus. Yo, que de pura leonesa no me arrugo ante nada ni ante nadie, decidí hacer realidad su petición. Así que, guitarra en mano, y mientras esperaba a que se completase el ciclo de la lavadora, puse el móvil en marcha y me grabé en vídeo tocando y cantando mi propia versión de ese clásico inmortal.
    
    Lejos de achantarme subí el vídeo a la red y, para mi sorpresa, empecé a recibir comentarios favorables. ¡Y yo que creía que me iban a sacar a gorrazos de la comunidad Google!
 
    Pero ahí no quedó la cosa. Lo más extraño sucedió unos días más tarde. Yo estaba recogiendo mi cuarto cuando me sonó el móvil. Descolgué.
 
¿Hola? –oí que alguien me decía al otro lado del hilo telefónico–. ¿Eres Ana Lía Rodríguez?
 
Sí. ¿Quién es usted? –repliqué.
 
Mi nombre es Roger McMagnus, y soy el mánager de AC/DC –dijo aquel tipo–. Verás, los chicos han visto tu vídeo haciendo tu propia versión del Highway to hell y les ha encantado.
 
Será una broma –dije.
 
No. Una broma es Madonna, que en los directos canta en playback y nadie dice nada. Esto va en serio.  
 
Júreme que no se trata de una broma –dije.
 
Te lo juro por la memoria de Bon Scott. Y mira que para mí Bon es sagrado.
 
Lo cierto es que el tono de voz de aquel tipo me sonó bastante serio, lo cual hizo brotar en mí la duda. ¿Y si estaba diciendo la verdad?
 
Supongamos que decido creerle. Los chicos han visto el vídeo. ¿Y? –dije.
 
Pues que los chicos han pensado que serías una sustituta perfecta para Malcom ahora que el pobre está malito. Dime, ¿estarías interesada en salir de gira con nosotros como guitarra rítmica y coros?
 
¡¡¿Qué?!!
 
Lo que has oído –dijo el tal McMagnus–. ¿Qué me dices?
 
Pues le digo que está usted loco de atar.
 
Es normal que no me creas. Lo entiendo. Yo también dudaría si un chalado me llamase por teléfono diciéndome que he sido elegido nada más y nada menos que por AC/DC para salir de gira con ellos con todo lo que ello implica: limusinas, suites de hotel, una legión de fans devotos a tus pies, una cuenta corriente holgada, groupies masculinos...
 
Un momento. ¿Qué es lo último que ha dicho?
 
¿Te refieres a los groupies masculinos?  –dijo McMagnus–. También tenemos groupies femeninas, si ése es tu deseo. Quiero decir, que podemos ajustarnos a tus preferencias. Somos bastante liberales en ese sentido. Una vez trabajé para un grupo de pop y los muy capullos me pidieron montárselo con un burro, ya sabes, como en la peli Despedida de soltero, así que imagínate si estoy curado de espanto. Tú pide por esa boquita y yo me encargo de proporcionártelo.
 
Vale. Acepto.
 
¿Qué aceptas? ¿Montártelo con un burro? 
 
No, hombre. Ir de gira con AC/DC.
 
Ah, vale. Perfecto –dijo McMagnus–. En dos horas pasará una limusina a recogerte. ¿De acuerdo?
 
Sí. Vale. De acuerdo –dije.
 
Bienvenida a bordo, Ana Lía.

    Y así fue como gracias a un simple vídeo subido a la red acabé siendo contratada nada más y nada menos que por AC/DC para irme de gira con ellos. ¿No es alucinante? Absurdamente alucinante, diría yo. ¡Nos vemos en el Infierno!
 
♪Living easy, living free, season ticket on a one-way ride...♪







MUCHÍSIMAS GRACIAS PEDRO PORQUE HA SIDO UN DETALLAZO Y ME HAS HECHO MUY FELIZ. ADORO LOS SUEÑOS LOCOS Y ESTE ES EL MEJOR QUE HE LEÍDO PORQUE ME HAS HECHO PROTAGONISTA. UN BESO GIGANTESCO

domingo, 15 de febrero de 2015

Carta de amor/declaración de guerra

Querido mortal:

    Te extrañará que esta carta la haya puesto con una flecha en tu nevera, pero entiende que tenía que llamar tu atención lo suficiente como para que te pararas a leer. Es por esto y porque no tenía imanes.

     Estoy de luto pues ayer pensaba que vagaba muerta por una dimensión equivocada, una que no era mía, donde todos estaban insoportablemente felices besándose en los parques como si todos los días fueran catorce de febrero y siendo, en una palabra, idiotas: y aún no me he quitado el traje.

     Dejé de soñar despierta. Escogí revivir la pesadilla y, en medio de todo ese caos, apareces como si no hubiera pasado el tiempo, con tu deliciosa sonrisa, a saludarme.

     No contento con eso, me sueltas palabras dulces como si fueran gratis en estos tiempos tan amargos acompañadas de flores y bombones. Además te ofreces sumiso y en pelotas a pasar por mi mente a realizar las más básicas de mis perversiones dejándome incluso ponerte grilletes y sacar mi fusta sin ofrecer resistencia.


     ¿Quieres conquistarme? ¿Es eso? Pues bien, tú lo has querido. Esto es la guerra. Te daré una ligera tregua pues irremediablemente me convertiré en la soberana de tu mundo. Te deseo suerte porque el tiempo me ha enseñado que no hay amor a medias tintas por lo que estoy afilando mis versos que te atravesarán con brutalidad el alma envenenándote completamente de mí. Así sentirás, poco a poco, todas esas flechas que tú con tus zalamerías ahora me clavas comportándote tan tierno como un niño. ¿Qué quieres? ¿Hacerme creer que eres inocente? Te castigaré por eso.

P.D.: Trae agua a la habitación. La noche será muy larga. Quiero que me limpies los tacones con la lengua y tengo sed. Nuestra primera batalla será convertirte en un hombre.

15 de febrero de 2015

                                                  
               

martes, 10 de febrero de 2015

Rompecabezas

   Estuve caminando quién sabe durante cuánto, tal vez un segundo o quizá una eternidad; llorando en la completa oscuridad intentando casar los pedazos en los que se había convertido mi corazón. Un rompecabezas imposible, creo que incluso me faltaban piezas.

   El caso es que me topé con alguien que tenía algo entre sus manos. Al chocar, a ambos se nos cayó lo que llevábamos. Fue curioso mirar al suelo y ver, junto a los míos, sus pedazos que también eran de un corazón roto. Sin dudar, nos agachamos rápido a recoger cada uno los nuestros.

- Es difícil armarlo de nuevo - me dijo con cierta vergüenza.

- Lo sé, lo estoy dando casi por imposible. Si quieres te ayudo y tú me ayudas a mí. Tal vez entre los dos sea más fácil - contesté con una sonrisa.

   Accedió al instante y ahí estuvimos quién sabe durante cuánto, tal vez un segundo o quizá una eternidad; construyendo y casando piezas hasta por fin armar los dos corazones.

   Nos sentimos muy felices y allí, tirados en el suelo, observamos el gran trabajo que habíamos hecho con una salvedad, uno de los pedazos estaba cambiado. Por alguna razón una de sus piezas quedó soldada en mi corazón y una de las mías en el suyo sin poder sacarlas de nuevo. 

- No puedo dártela. Me la tendré que quedar - dijo.

Yo tampoco así que te regalo la mía y si quieres yo cuidaré de la tuya - contesté.

- También te la regalo, estará mejor contigo - me susurró acercándose a mí.


    Me acarició suavemente y me besó quién sabe durante cuánto, tal vez un segundo o quizá una eternidad; una luz nos iluminó y nos sobrecogió un latido muy fuerte que emitieron al unísono nuestros corazones.  


   Desde el suelo, ambos levantamos la cabeza y vimos que ya no era noche, era un maravilloso amanecer. Me sonrió y le sonreí. Nos incorporamos al tiempo y, tal vez por nuestra torpeza, chocamos fuerte nuestras cabezas convirtiéndolas en mil pedazos. 



domingo, 1 de febrero de 2015

El desalmado del tren

- ¡No! - gritó una joven en el andén despertándole de su pequeño descanso.

      El día había sido agotador y aún tenía un trabajo que hacer porque un buen comercial jamás descansa y siempre está buscando una buena oportunidad. 

- Pero, ¿es que no me oye? Necesito coger este tren, no puedo perderlo - continuaba gritando la chica a un guardia de seguridad.

      Veía fascinado, sentado cómodamente en su vagón, como ella fruncía el ceño y se encaraba con mucho genio al corpulento agente que estaba claro que no la iba a hacer ningún caso. Le sorprendió su juventud y su peculiar aspecto. Vestía con una falda harapienta, unas calcetas de rayas y un poncho raído. Su rostro era particularmente pálido y sus ojos negros casi tanto como los rizos que asomaban por debajo de su sombrero de lana roja. Miró su agenda para asegurarse de cumplir el cupo ese día y soltó un gran suspiro de alivio.

      Dio golpes sobre el cristal para llamar la atención de la muchacha y ella, al verle, le hizo un gesto grosero con su mano izquierda. Él comenzó a reírse poniéndose la mano sobre el pecho y eso la ofendió aún más haciéndola escupir sobre el cristal.

     Volvió a increparla varias veces haciendo gestos con ambas manos sobre sus ojos simulando a una niña con una rabieta. Ella gesticuló exageradamente con su boca un insulto de lo más ofensivo.

     Él cambió su expresión a una muy seria y apesadumbrada. El rostro de ella también se puso ligeramente triste al ver su reacción y extendió su mano hacia el cristal para decir suavemente - lo siento, tengo un mal día -.

      Él aprovechó entonces para sacarle la lengua y hacerla de nuevo rabiar. Ella, cargada de ira, se abalanzó hacia el vagón y quedo sorprendida al ver que lo traspasó y que se encontraba frente a aquel desalmado que la había tomado con ella.

- ¿Qué...? ¿Cómo...? ¡Noo! ¿Estoy muerta? ¿Por eso nadie me oye? - sollozaba mirándose el cuerpo intentando palparse y entender lo que estaba ocurriendo.

- No montes numeritos porque, para empezar, tampoco pueden verte - dijo el hombre poniendo sticks en una larga lista apuntada en su agenda. - Creo que este mes me ganaré una buena comisión - comentó tomando notas.

    La muchacha no tuvo reacción. Permaneció inmóvil mirándole atentamente mientras sus lágrimas cubrían sus mejillas y los pasajeros que acomodaban sus bolsas la traspasaban sin apreciar su existencia. - ¿Po...po...por qué a usted si le ven? - logró tartamudear.

- Porque no estoy muerto como tú. Ahora si me disculpas tengo que terminar mi trabajo - contestó el hombre sacando un extraño artilugio del maletín. Lo accionó y emitió una luz cegadora que la paralizó por completo. - Mira atentamente la luz - dijo manipulando el aparato para absorberla y atraparla en un diminuto frasco de cristal que colocó cuidadosamente dentro del maletín mientras ella, golpeando el cristal y enfurecida, le profería todo tipo de insultos inaudibles mucho más ordinarios que el anterior.

      Sacó de su chaqueta el celular, marcó un número cuyo prefijo era tres veces seis y llamó - Tengo algo que te encantará. Me la quitan de las manos. Es joven y no está completamente corrompida. Acaba de decirme un "lo siento" y se la nota una gran inocencia, debieron arrojarla a las vías el siglo pasado. ¿Qué me dices, granujilla endemoniado? ¿Te la envío con lacito? (...) Sabía que te emocionarías. - colgó, satisfecho con su última venta del día, el desalmado comercial de almas.


  

Toda una vida detestaría contigo IV

- Vuelve, ¡te necesito! 

- ¿Por qué?

- Porque eres la luz de mis días, mi vida entera. Me he dado cuenta que sin ti no sé cómo seguir adelante.

- No has sabido poner la lavadora, ¿verdad?

- No


Ilustración de Suzanne Woolcott