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martes, 19 de mayo de 2015

Lujuriosa cereza

- Muérdeme los labios y dime a qué te saben - susurró desnuda pasándose unas cerezas por la boca y chupándolas con lascivia.

Él se acercó, tomándola por la cintura, y de un mordisco se los arrancó dejando a la vista toda su mandíbula. Después sacó un pañuelo y le limpió con ternura la sangre que le brotaba por la barbilla.

Ella, sin tan siquiera intentar hablar, le observaba excitada masticarlos.

Él se los tragó y dijo - Supongo que así saben los labios del vecino pero sé que no volverá a ocurrir, ¿verdad, mi amor? -.


viernes, 6 de marzo de 2015

La magia de la gramola

- ¿Qué es eso, señorita Celie? - mencionó apuntando a la gramola.

   Era impactante tenerle en mi salón mientras a través de la ventana se veían todos esos OVNIS no tan desconocidos ya para los seres humanos.

   Sus dedos eran extremadamente largos y finos, su piel brillaba y por aquellos dos enormes apéndices en su espalda bien podría haber sido un ángel si no fuera porque no eran para volar.

    Era gracioso observar sus movimientos imitándome. Se sentó en el sillón frente a mí exactamente igual que yo. Sostuvo su taza de té como si fuera mi reflejo en un espejo con una excepción, él no bebió. Estos alienígenas no consumen ni la comida ni la bebida humana.

- Aunque me halaga, es señora. Es un antiguo objeto que produce música. Se lo mostraré si es que después de tantos años aún quiere funcionar esta vieja gramola - dije levantándome a por uno de los viejos discos de mi colección, esos que había dejado como recuerdo de tiempos mejores; lo coloqué con sutileza, era mi favorito, y puse la aguja.

   Mis caderas no pudieron evitar el vaivén que "Cheek to cheek" provocó en mi marchito cuerpo. La melodía también debió calar fuerte en sus dos extraños pares de oídos porque se acercó colocando su mano en mi hombro y movió sus tres dedos al son de la música. Le sonreí y le miré fijamente cantando con susurros la canción.

   Fue toda una sorpresa descubrir que algo de nuestro mundo le emocionara tanto. Incluso creí reconocer también una sonrisa en su frío rostro.

- Los humanos tenéis una sensibilidad especial, señorita Celie. Sois destructivos como nosotros pero he de confesarle que estoy impresionado por este hallazgo - comentó deslizando su larga mano hasta mi cintura con un gesto que me hizo intuir que quería bailar.

- ¿Quieres bailar? - pregunté con asombro.

- ¿Bailar? ¿Qué es bailar? - respondió asustado dejándome acercar mi cuerpo peligrosamente al suyo.

   Noté su respiración sobre mi frente, el gélido aire que desprendía de aquella horrible boca. Cerré mis ojos y le sentí. Él me apretó la mano mientras nos movíamos lentamente. Sé que también llegó a sentirme tal como yo a él. Abrí los ojos y le acaricié su áspero rostro. Me miró con sus profundos ojos negros y me separó brutalmente y aterrorizado.

- ¡No! ¡Suélteme! No quiero bailar. No estoy aquí para esto. Apague la música, señora Celie. No puedo bailar con usted, les estamos invadiendo - dijo rompiendo la magia y poniéndose en posición defensiva apuntándome con aquellos dos apéndices a la cabeza. 

   Es posible que aún esté preguntándose porqué no me mató.



   

domingo, 15 de febrero de 2015

Carta de amor/declaración de guerra

Querido mortal:

    Te extrañará que esta carta la haya puesto con una flecha en tu nevera, pero entiende que tenía que llamar tu atención lo suficiente como para que te pararas a leer. Es por esto y porque no tenía imanes.

     Estoy de luto pues ayer pensaba que vagaba muerta por una dimensión equivocada, una que no era mía, donde todos estaban insoportablemente felices besándose en los parques como si todos los días fueran catorce de febrero y siendo, en una palabra, idiotas: y aún no me he quitado el traje.

     Dejé de soñar despierta. Escogí revivir la pesadilla y, en medio de todo ese caos, apareces como si no hubiera pasado el tiempo, con tu deliciosa sonrisa, a saludarme.

     No contento con eso, me sueltas palabras dulces como si fueran gratis en estos tiempos tan amargos acompañadas de flores y bombones. Además te ofreces sumiso y en pelotas a pasar por mi mente a realizar las más básicas de mis perversiones dejándome incluso ponerte grilletes y sacar mi fusta sin ofrecer resistencia.


     ¿Quieres conquistarme? ¿Es eso? Pues bien, tú lo has querido. Esto es la guerra. Te daré una ligera tregua pues irremediablemente me convertiré en la soberana de tu mundo. Te deseo suerte porque el tiempo me ha enseñado que no hay amor a medias tintas por lo que estoy afilando mis versos que te atravesarán con brutalidad el alma envenenándote completamente de mí. Así sentirás, poco a poco, todas esas flechas que tú con tus zalamerías ahora me clavas comportándote tan tierno como un niño. ¿Qué quieres? ¿Hacerme creer que eres inocente? Te castigaré por eso.

P.D.: Trae agua a la habitación. La noche será muy larga. Quiero que me limpies los tacones con la lengua y tengo sed. Nuestra primera batalla será convertirte en un hombre.

15 de febrero de 2015

                                                  
               

martes, 10 de febrero de 2015

Rompecabezas

   Estuve caminando quién sabe durante cuánto, tal vez un segundo o quizá una eternidad; llorando en la completa oscuridad intentando casar los pedazos en los que se había convertido mi corazón. Un rompecabezas imposible, creo que incluso me faltaban piezas.

   El caso es que me topé con alguien que tenía algo entre sus manos. Al chocar, a ambos se nos cayó lo que llevábamos. Fue curioso mirar al suelo y ver, junto a los míos, sus pedazos que también eran de un corazón roto. Sin dudar, nos agachamos rápido a recoger cada uno los nuestros.

- Es difícil armarlo de nuevo - me dijo con cierta vergüenza.

- Lo sé, lo estoy dando casi por imposible. Si quieres te ayudo y tú me ayudas a mí. Tal vez entre los dos sea más fácil - contesté con una sonrisa.

   Accedió al instante y ahí estuvimos quién sabe durante cuánto, tal vez un segundo o quizá una eternidad; construyendo y casando piezas hasta por fin armar los dos corazones.

   Nos sentimos muy felices y allí, tirados en el suelo, observamos el gran trabajo que habíamos hecho con una salvedad, uno de los pedazos estaba cambiado. Por alguna razón una de sus piezas quedó soldada en mi corazón y una de las mías en el suyo sin poder sacarlas de nuevo. 

- No puedo dártela. Me la tendré que quedar - dijo.

Yo tampoco así que te regalo la mía y si quieres yo cuidaré de la tuya - contesté.

- También te la regalo, estará mejor contigo - me susurró acercándose a mí.


    Me acarició suavemente y me besó quién sabe durante cuánto, tal vez un segundo o quizá una eternidad; una luz nos iluminó y nos sobrecogió un latido muy fuerte que emitieron al unísono nuestros corazones.  


   Desde el suelo, ambos levantamos la cabeza y vimos que ya no era noche, era un maravilloso amanecer. Me sonrió y le sonreí. Nos incorporamos al tiempo y, tal vez por nuestra torpeza, chocamos fuerte nuestras cabezas convirtiéndolas en mil pedazos. 



viernes, 16 de enero de 2015

El lamento de una piedra


Quise romper la mañana a pedradas
pero fue muy tarde y rompió a llover.
Tu nombre ululaba reclamado por rendijas
y, con las mismas piedras, las tapé.

¡Quién fuera simple mortal en tu mundo
para gozar a diario de tu ingrata sonrisa!
¡Quién fuera tu sueño en las noches
para aliviar las pesadillas que te acosan!

Quise desnudarme en tus lamentos
pero fue tu caricia entorpecida y basta
la que envistió a mi locura desatada
y, con los mismos llantos, la calmé.

¡Quién fuera simples llaves perdidas
para ser rebuscada por los rincones!
¡Quién fuera pensamiento que aturde
para disolverme dejándote libre!

Quise decirte ¡joder, que te quiero!
¡No te vayas! ¡Quédate aquí conmigo!
Y a mi lado descansa tranquilo 
olvidando cualquier pena.

Quise decírtelo porque por ti, 
solamente por ti, vivo
pero por ti también 
estoy lentamente muriendo.



jueves, 15 de enero de 2015

El primer amor

- Bésame - le grité apasionadamente.
- ¡Puaj! ¡Qué asco! - contestó tirándome del columpio.


martes, 13 de enero de 2015

Sístole y diástole

    El tictac de aquel insoportable reloj acompasaba con el frenético bombeo de mi corazón. Ella me miraba fijamente sin dejar de moverse, de contonear su cuerpo a horcajadas sentada sobre mí. Me arañaba y se mordía ligeramente su labio inferior. 

    Deslicé mis manos sobre sus pechos y me sonrió. Aceleró el movimiento de sus caderas, rodeó con sus delicadas manos mi cuello y gimió como si estuviera poseída. Noté su calor deslizándose entre mis muslos y estallé en un inmenso placer dentro de ella.

- Te amo - susurré dejando escapar de mis ojos una pequeña lágrima mientras ella me daba mi ropa y mis botas. 

    Me miró de nuevo con sus enormes ojos de gata y me dijo - Debes irte. Se acabó la hora y tengo más clientes -.


jueves, 8 de enero de 2015

Caricia de blues

- Has cambiado - le susurré entre lágrimas separando sus manos de mí.

- No es verdad, soy el mismo de siempre - me respondió sentado en la cama y agarrándome de nuevo con fuerza por la cintura. 

    Acercó mi cuerpo a su boca para descender sensualmente con sus húmedos labios, cargados de cálidos besos, poco a poco, desde mi ombligo sin dejar de enfocar su fóvea en el interior de mis pupilas buscando disolver mi rayo azul y seduciendo de nuevo a mi alma.

      Me volví a soltar de él suavemente y le di un un beso entre los remolinos de su pelo iluminado por la luz de neón que entraba por la miserable ventana. Metí mi guitarra en la funda y le miré por última vez.

Tienes razón, perdóname. La que ha cambiado soy yo - le dije de espaldas abandonando medio desnuda la habitación del motel.



lunes, 22 de diciembre de 2014

Deseos reciclados

      ¡Vaya noche la de aquel día! ¡Qué nervios pasé! Ojalá hubiera tenido una taza de té. Era la tercera vez que deseaba algo con toda mi alma y curiosamente era el mismo deseo.

      No pasaban las horas. Parecía que el reloj de cuco había marcado la medianoche hacía una eternidad.

      Yo esperaba inmóvil con los ojos abiertos de par en par, era inevitable. Tanta fue la espera que encontré el patrón de las luces del árbol y como tenían sonido, también adivinaba la canción que iba a sobrevenir a la que sonaba. Empezaban todas a resultar insoportables pero era por la impaciencia.

      La vida no es fácil y en situaciones así pasan por la cabeza mil detalles. En ese instante, por la desesperación quizás, recordé los malos momentos o los más duros pero también, por la misma presión del momento, vinieron muchos más buenos. Fue justo cuando me di cuenta que la ilusión nace de los recuerdos buenos e inolvidables y que las ganas, la predisposición, hace que las heridas se cierren aunque sea con hilo y aguja.

      Un ruido me distrajo de mi reflexión. Aún recuerdo la melodía de la canción de "Noche de Paz" que me pareció una ironía. Alguien se acercaba por las escaleras. De pronto las risas inundaron la casa y apareció como un ángel frente a mí. No lo podía creer, tenía los mismos ojos que su madre y su abuela, igual de brillantes.

      - Mamá, los Reyes me han traído una hermosa muñeca de trapo - gritó Julia sonriendo y abrazándome con tanta fuerza que me provocó, sin mala intención, este último descosido.




martes, 2 de diciembre de 2014

Para el Poeta Amante

Un año más de inspiraciones
y de pasiones envueltas
en cálidos versos
y sensuales deseos

Un año de hermosos sueños
entre letras de un poeta
que en cada una de sus líneas
deja su corazón abierto

Un placer Señor Cernuda
que Alfredo lleva por nombre
y por hombre que me enseña,
además de poesía.
con extrema delicadeza,
sensualidad y ternura.



dedicado a Alfredo Cernuda

jueves, 27 de noviembre de 2014

Mundos

- Crearé un mundo mágico exclusivamente para ti, a tu medida. Levantaré montañas, llenaré los desérticos valles de aguas cristalinas y en el cielo colocaré a puro mimo cada estrella a tu antojo. Mi piel quedará estampada en cada hueco, en cada forma, sólo por verte feliz. Me cortaré las alas y lo haré porque eres tú mi destino. La única frontera que me queda por rebasar es tu pensamiento. Tus decisiones y deseos deben ser únicamente convertirte en la Diosa de mi mundo. Te concederé la inmortalidad y eternamente estaremos juntos – suplicó el hombre alado de rodillas frente a mí.

                El paraíso compartido con más seres tiene amplias posibilidades de convertirse en un infierno pero, por la misma razón, no sería un edén si no existiera más que uno.

                Los excéntricos deseos de los dioses sobrepasaban la realidad. Nuestra condena, la humana, es vivir con el miedo de que llegue la muerte pero es esa razón la que envidiaban los dioses.

                La duda se presentó en forma de colibrí revoloteando de una a otra idea. Mi cabeza quería estallar. Por una parte, sería omnipotente y manejaría todo a mi capricho, incluso por encima de él. Por otra, yo le amaba y él a mí no pues su intención era disolver mi libre albedrío.

                Quizás fue mi conciencia la que me recordó que los mundos de los dioses, por muy mágicos que sean, son avernos de sufrimiento y dolor para los mortales.

                Tomé mi decisión.

- Te deseo y me halagas con tu propuesta. No puedes atrapar mi pensamiento que tanto deseas porque sería como atrapar a un colibrí, tarde o temprano moriría y ya no podrías admirarlo porque dejaría de existir. Aun así  me convertiré en tu Diosa pero sólo si dejas este mundo tal y como es. No más mundos mágicos y estaremos eternamente juntos – contesté ofreciéndole una daga para que cortara sus alas.

- Sí mi amor. Lo que sea por estar para siempre juntos – dijo desgarrando sus apéndices y convirtiéndome en un ser de luz divina.


                El colibrí revoloteo por última vez y se posó sobre mí. Noté el poder en mi cuerpo. Le miré fijamente a los ojos. Derramé una lágrima que ya no era de amor y antes de corromperme, con mi inmenso poder, convertí a todos los dioses en mortales mientras le susurré – Te estoy concediendo la posibilidad de amar. Ahora sí podremos estar juntos para siempre, para siempre que nos dure el pensamiento –. 


martes, 18 de noviembre de 2014

Diamantes

- Me he propuesto bailar con la más bella así que, ¿me concede este baile hermosa dama? - dijo Guido tomando su frágil mano.

- Será un placer, mi apuesto galán - respondió Dora mirándole provocativamente.

    Se tomaron por las manos y comenzaron juntos un suave vaivén. Cerraron ambos los ojos y se fundieron dejándose llevar por la armoniosa melodía del silencio.

- Siempre la amé mi querida Dora. ¡Cásese conmigo! - imploró él.


- ¿Casarme otra vez? No es necesario. Ya nos hemos demostrado amor eterno estos últimos cincuenta años - susurró ella acariciándole la cara.


viernes, 14 de noviembre de 2014

miércoles, 22 de octubre de 2014

El perro de Orión

- Me cuesta acostumbrarme a estos amaneceres – comentó con la mirada perdida en el horizonte.

- Comprendo Dog pero estoy seguro que podrás hacerlo. Respira profundamente y notarás el olor de la pasiflora. Aquí todo lo envuelve – contesté intentando que se encontrara más cómodo.

                Dog tenía una mirada en la que se podía confiar. Unos ojos limpios, expresivos y muy leales. En un primer contacto, ambos mostramos asombro al ver la rapidez con la que nos entendimos. Ninguno de los dos sentimos miedo en aquel momento por eso fuimos inseparables.

Pocos fueron los datos que reveló acerca de su extraño mundo pero se veía el sufrimiento en su mirada. Hablaba de todo lo que quedó destruido y que pocos fueron los que pudieron huir. Fue quizás el único superviviente de su especie y eso le atormentaba. Fueron muchos los días que intentó establecer contacto sin respuesta. Al final se adaptó y desistió dando a su mundo por extinto. El resto nos adaptamos a él e intentamos durante su corta vida que no se sintiera tan solo.

Recuerdo con cariño aquella mañana que le saqué a pasear y me dijo, tal vez mintiera, aquello sobre su vida pasada.

- Es muy cálido el abrazo de esta enredadera. ¿Puedo decirte algo? – me preguntó.

- Claro Dog. Puedes decirme lo que quieras. Somos ya buenos amigos – le dije.


- A esa estrella la llamábamos Sirio, la más brillante. Es curioso que en mi planeta también recibía el nombre de “la estrella perro”, Alfa de Canis Majoris. A veces pienso que esto es un sueño del que no quiero despertar porque de donde vengo, sería impensable poder hablar con un perro. Pero me alegro, sea o no sueño, de haberte conocido Orión – mencionó con una sonrisa.


miércoles, 8 de octubre de 2014

Coyunda

- Arguyo por tu inspección que percibes la cohesión que nos apremia a adosarnos. El grato galanteo de nuestras trompas bregándose por adueñarse de las fauces del contendiente para embolsarse el laurel. Ese mismo que alborotará las ansias y propiciará que ninguno de los dos ceje en su empeño. El esparcimiento presumirá de dilatar nuestros anhelos y nos pilotará a descubrir nuestros luceros para usufructuar la esencia del otro. Es justo ulterior a ese trance efímero cuando se congregarán precintándose nuestros calinosos morros y principiará el vals de nuestras sinhuesos al compás de sonsonetes en forma de acezos exhortándonos al fin a exhibir nuestra concupiscencia.- declaré a mi galán con cúmulos gustos retrepada en nuestro tálamo.

- ¿Cómo?- interpeló pacato despojándose de su terno desenmascarando así su nervudo talle y suscitando aleteos de alevillas en lo más recóndito de mi masa.


-¡Qué me beses, idiota!- imperé.




miércoles, 1 de octubre de 2014

Las cuerdas, el corazón y el bolero

    Sonaron las primeras notas procedentes de una vieja radio. La vibración de esas cuerdas envolvió no sólo el cuarto. Los sonidos se escaparon por puertas y ventanas llegando a muchos oídos que sorprendidos dejaron sus quehaceres para prestar atención.

    Con sus manos en la guitarra enamoró a todas las damas porque no sólo usaba dedos, ponía en ello su alma. Bailaba él con su instrumento y provocaba con ello que los muchachos del pueblo lo hicieran con las muchachas. Comenzó así la verbena y fue pasando la noche con las parejas formadas. Unos reían y otros lloraban pero todos lo hacían de felicidad.

     ¿Todos? Todos no. Había un rostro diferente entre tanta multitud.      

    Una nota tras otra lo era todo y era nada pues tan solo con oírle hasta al amor enamoraba. En su secuencia de negras, de blancas y de corcheas había una pequeña nota que descubría tristeza. ¿Por qué tan triste esa nota? ¿Qué le pasó a la guitarra?

    Era una pena muy grande que no era del instrumento sino más bien de quien lo tocaba. Todos se dieron cuenta y pararon de bailar. Quién sabe la razón por la que dejó de tocar si ni él estaba a la vista y tampoco los vio parar.

    Una brisa de aire helado recorrió toda la plaza. Los muchachos con sus chaquetas cubrieron a las muchachas. La brisa siguió su camino por las puertas y ventanas llegando por fin a la radio para atravesarle el alma.

    Se quedó todo en silencio, él derramó una lágrima y sin poder evitarlo, un ciento o dos más que cayeron sobre las cuerdas formando una curiosa canción.

    En el pueblo, desconcertados, miraban a su alrededor y de pronto una voz, entre ellos, se escuchó. Las cuerdas de esa garganta, de un marchito corazón, seguían la misma pauta obligando a las parejas buscarla con la mirada. ¿Quién era esa dulce voz?

    Encontraron el origen y quedaron asombrados. El desgarro de esa voz a todos hizo llorar. Rodearon a la anciana y la escucharon cantar. Vieron volar al sonido explorando por el pueblo rincones y recovecos buscando no sólo a la guitarra sino también a su dueño.

    Nadie sabe la razón pero en ese mismo momento el guitarrista dejó de llorar. La escuchó por un instante y luego empezó a tocar en el momento oportuno dibujando filigranas que llegaran a esa voz. Se buscaron así estos, entre la gente, por la plaza y al fin, frente a frente, se fundieron en uno sólo formando la melodía que todos los que lo vieron, entre alegría y tristeza, lo llamaron El Bolero.

    Acabó la canción de pronto impidiendo a los amantes continuar con su amor. Hubo quejas por doquier pero ya era amanecer y muchachos y muchachas volvieron a sus quehaceres vaciando así el lugar.

    Quedó en soledad ella en medio de la enorme plaza y con lágrimas en los ojos nunca paró de cantar deseando, con su amante, algún día poderse encontrar.

    Suena así todavía hoy en la vieja radio esa agridulce canción:

… Espérame en el cielo
cariñito adorado
que si Dios te ha llevado
fiel te juro ser yo…



lunes, 8 de septiembre de 2014

No mujer, no llores

    ¿Recuerdas mi amor cuando corríamos delante de los grises? ¡Qué mamporrazos más fuertes! El otro día le contaste a Pepe la vez que repartiste octavillas con el seiscientos de tu padre con la rueda pinchada. ¡No tienes vergüenza! Ese día te pegaron todos en casa y no me extraña porque a tu madre casi le dió un ataque cuando llamó la policía a su puerta. ¿Cómo se te ocurrió esconderte en esa casa en ruinas? Con lo que llovía y tú con tus zapatillas de verano. ¡Vaya gripazo agarraste! Siempre fuiste un loco temerario. Nunca entendí cómo no acabaste en la cárcel. Es que estuvo Pepe aquí y lo estuvimos hablando. Le sorprendió mucho.

    También me acuerdo del olor a salitre de nuestro viaje. ¡Qué bonito es el mediterráneo! Todas las tardes lo miro y ningún atardecer consigo ver el rayo verde. A veces pienso que aquel día te burlaste de mí.

    Te escribo esta carta porque hoy no he podido evitar romper a llorar y no estabas para abrazarme. Vinieron Luis y su mujer. Me sigue pareciendo una pécora pero al menos trajeron al niño. Como se fueron a la playa me quedé con Luisito. Le dejé un instante en la cochera mientras hacía la merienda. Cuando regresé había tirado toda su ropa por ahí y estaba jugando con la manguera, empapado. Sois idénticos. No pude regañarle porque me miró de esa forma con la que tú me miras cuando pasa algo malo. Esa mirada tan entrañable hizo que lo mandara a pensar en su trastada a la habitación. Regresé a recoger la ropa. Fui agarrando cada prenda hasta llegar al charco. Vi las zapatillas y juraría que estabas en el reflejo. No puedo con esto.

    Conserva esta carta y podrás releerla cuando quieras para ver que tu hijo te perdonó, que tu nieto te echa de menos y para que recuerdes que te amo con locura. Sé que no admites cosas así pero he decidido colocar esta carta a tu lado y que os incineren juntos para que puedas llevarla siempre contigo.

    Eternamente tuya, Leonor.


sábado, 16 de agosto de 2014

Panorámica


     Cuando llegó a lo alto sólo pudo mirar a su alrededor. Echó incluso la vista atrás. Miró hacia bambalinas viendo todo a lo que había renunciado, a todo el sufrimiento pero inmediatamente miró a la sala y ahí vio su recompensa. Una de las mayores de su vida.


     Estaba sobre el escenario más majestuoso jamás conocido donde muy pocos han podido llegar. La iluminación de la candileja era el atardecer más Jermoso que había visto nunca. Tomó a pequeños tragos oxígeno intentando recuperar el aliento. Acababa de interpretar, hasta la fecha, una de las más grandes obras de su carrera. Uno de sus mayores ascensos. Con esa obra enfrentó sus más terribles temores y también aprendió a amar y a olvidar el odio de todo lo que en su camino se cruzó.

     
    La orquesta le dedicó un concierto por su increíble representación, el susurro del viento silbando entre cada una de las rocas con la percusión de los más pequeños hierbajos chocando entre sí. Respiró profundamente dejándose envolver por aquel maravilloso sonido.


     Se acercó lentamente al proscenio para poder sentir la inmensidad del momento mientras cerraba sus ojos. Notó, por unos instantes, la inmortalidad.


    Ya en el borde abrió de nuevo los ojos para ver a su imponente público y gozar de sus aplausos en forma de canto de chovas piquigualdas. Como todo buen artista, dedicó una reverencia hacia los palcos donde se hallaba su público más destacado como eran Doña Peña Santa de Castilla al frente o a Don Friero a su izquierda. También se permitió el lujo de lanzarle unos besos a Doña Palanca porque sabía que la conquistaría a la mañana siguiente aunque lo mirara receloso Don Torre del Llambrión.


     Después del gesto de aprobación de los más importantes de la sala dirigió su mirada a la platea. Les dedicó igualmente una reverencia y saludó, con especial cariño, a los que se había encontrado en su increíble camino y con los que había hecho una gran amistad como Pablo con su delantal. Incluso se quitó el sombrero cuando vio en el gallinero a su amigo Rupicapra.


     Las luces de las candilejas se fueron apagando poco a poco y el telón, ese inmenso mar de nubes, fue cerrando la preciada estampa.


     Pasaron los años y el virtuoso artista representó obras excepcionales en teatros muy reconocidos internacionalmente. Siguió maravillándose con sus estupendos públicos pero algo en su interior le hacía siempre recordar que donde dejo el corazón fue siempre en el Macizo Central.


     Acudió de nuevo al Teatro de la 20 con la 64 por la calle de Asotín para recuperarlo. Cuando pisó el escenario de feldespato, cuarzo y mica; miró impactado a la sala. Todo su público estaba allí reunido para ovacionarle. Sintió una presión en su pecho al verlos a todos de nuevo. Lloró de felicidad. Fueron tantas sus lágrimas que fue esta vez Doña Palanca la que lo quiso besar y fue justo ahí cuando se dio cuenta, como muchos de nosotros, que cuando ese tremendo Collado te deja conquistarlo, el corazón le regalas como moneda de cambio.


martes, 12 de agosto de 2014

¿Y si fuera posible?

    Aquí estoy de nuevo como cada jueves bebiéndome la vida en cubalibres en este miserable bar. Algunos en los dardos, entre el humo de sus cigarros, intentan atinar a la diana. Otros se gritan en la barra por los resultados del mundial. Y por último, los más desinhibidos bailan en el centro poseídos por el momento y algún que otro excitante de la tapa del retrete.

    Miro como contonean sus cuerpos, sobre todo ellas, al ritmo de la música. En concreto a Laura, una chica de veinte años que viene desde hace unas semanas. ¡Cómo consigue evadirse por unos instantes de la realidad! Me encanta. ¡Cómo seduce a las personas, descaradas como yo, que sólo la miran buscando alimentar sus más básicos deseos! Es un ángel de pelo negro y unos enormes ojos violeta que jamás se fijarían en alguien como yo. 

    No me lo puedo creer. Me ha mirado. He apartado mis ojos de ella y estoy mirando mi copa. ¿Cómo es posible que se haya fijado en mí? Mis manos empiezan a temblar y un escalofrío me recorre el cuerpo. Vuelvo a mirar, tímidamente, para comprobar si me sigue mirando pero ya está otra vez bailando, sensualmente, con una amiga.

    No puedo pasarme todas las semanas esperando este día para verla bailar unas horas. No puedo continuar emborrachándome buscando el momento adecuado para hablarla, para decirle quizás algo tan típico y estúpido como “Hola, ¿qué tal? ¿Eres nueva? Te llevo viendo unas semanas por aquí y me pareces muy interesante” porque da miedo que alguien como yo te diga algo así. No puedo pensar que tengo la posibilidad de tener lo que el resto porque no es así. No debo hacerme ilusiones de poder formar parte de su vida, de tocarla y besarla; de conocer sus sueños y sus miedos; de estar con ella cuando se siente sola y perdida como me siento yo ahora; y de compartir todo con ella y construir algo enorme a su lado.

    ¿Por qué para de bailar? Viene hacia mí, ¿qué hago? Mi corazón va a estallar. La miro fijamente mientras se aproxima. Su caminar es imponente y sus piernas preciosas. Mientras camina, se sacude el pelo con ambas manos y me vuelve a mirar. Me sonríe.

    Estoy a punto de sufrir un infarto. ¿Y si viene a hablar conmigo? ¿Qué le digo? ¿Y si está ofendida por mirarla tanto durante tantos días? ¿Y si viene a pedirme que la deje en paz porque se ha dado cuenta que sólo voy cuando ella está? ¿Qué hago? Seguro que piensa que soy un bicho raro. Entonces, ¿por qué me sonríe? ¿Y si sí se ha fijado en mí? ¿Habré despertado su curiosidad? ¿Habrá notado que es ella lo que más he deseado estas últimas semanas? ¿Sentirá, quizás, ella también algo por mí? ¿Y si le gusto y está buscando mi atención? ¿Y si estas últimas semanas ha bailado para mí? ¿Y si sí me va a corresponder? ¿Y si fuera posible?

    Ya está delante de mí. Me retira el cabello de la oreja y me dice: “Hola, ¿qué tal? ¿Eres nueva? Te llevo viendo unas semanas por aquí y me pareces muy interesante”.




sábado, 9 de agosto de 2014

Lapsus

- Para y estira las piernas.- dijo Eva recostada en el asiento del copiloto. 

- No, prefiero llegar del tirón.- contesté. 

- ¡Qué terca eres! A ver si vamos a tener un accidente.- replicó la prudente. 

    Eva siempre ha sido muy mal agorera pero la quiero igual. Ese día estábamos muy cansadas y necesitábamos llegar a casa a dormir. El fin de semana había sido bestial. Apuré tanto la diversión que sólo íbamos a dormir una hora antes de ir a trabajar. Estaba agotada pero había merecido la pena. Nunca había bailado ni reído tanto como en esa fiesta. Creo que fue el fin de semana más feliz de toda mi vida. Lo habíamos pasado genial en el festival pero fueron muchos días sin dormir. 

    Continué conduciendo y al cabo de una hora noté que mis ojos querían cerrarse. Abrí la ventanilla y fumé un cigarro. Eva estaba roncando. Me mantuvo alerta varios minutos pero llegó un punto en el que me derrumbé. No recuerdo bien el momento. Sólo recuerdo levantar mi cabeza del volante y estar parada en la cuneta rodeada de árboles. Me asusté. Giré la cabeza para ver a Eva y ahí estaba, profundamente dormida. 

    La desperté agitándola y pidiéndola disculpas por no haber seguido su consejo. Comencé a llorar. Ella, muy alarmada, se despertó. La espanté con mi reacción. 

- Cálmate. Estoy bien. Estamos bien. No ha pasado nada.- dijo abrazándome. 

    La devolví el abrazo y después me ofreció un cigarro y un trago de café del termo. 

    Cuando nos relajamos, decidimos salir a dar un paseo y refrescarnos. Eva metió en su mochila el tabaco, el termo y media botella de agua que quedaba. Yo cogí la guitarra y me puse el frontal. Bajamos del coche y lo cerré por si tardábamos en volver. Faltaban pocas horas para el amanecer. Al alejarnos del coche escuchamos un sonido estremecedor. Encendí el frontal e iluminé el coche. Se lo estaba tragando una raíz gigante y todo a nuestro alrededor estaba cambiando de apariencia. 

    Nos pegamos espalda contra espalda gritando y pidiendo auxilio. Una luz azul cegadora empezó a envolver todo, fue cambiando a verde y más tarde a rojo. Cambiaba cada vez más rápido. Eso era aún más aterrador. De pronto, el suelo se volvió cristal negro y podíamos vernos reflejadas. Era insólito. Nos agarramos fuerte de las manos y volvimos a abrazarnos. Eva me dijo lo mucho que me quería con la cara llena de lágrimas y cuando quise decirle lo que sentía, un fuerte ruido empezó a inundar todo. Parecían voces humanas. Grité pero Eva me hacía un gesto de negación porque no le llegaba el sonido de mi voz. Nos arrodillamos tapándonos las cabezas. El ruido era cada vez más fuerte y se entremezclaba con golpes metálicos completamente sincronizados como si una tribu estuviera haciendo un ritual para violarnos o devorarnos. 

    Cesaron las voces de personas pero los golpes no. Miré a Eva a los ojos. Me iba a levantar. Necesitaba saber que estaba pasando. Ella me agarró de los brazos y se empezó a incorporar conmigo. Estábamos muertas de miedo. Nos pusimos de pie y nos giramos. Puse mi mano sobre mi frente como si fuera una visera intentando ver algo que se movía al compás de los golpes en la cegadora luz. Agarré mi guitarra para poder defendernos. Avanzamos hacia esas figuras con pequeños pasos y de pronto todo se apagó, incluso el frontal. Se quedó todo a oscuras y en silencio. Palpé a mi derecha para encontrar a Eva. Me dio la mano y se la apreté con todas mis fuerzas. 

    Una pequeña luz blanca iluminó mi guitarra. Tenía miedo y no entendía lo que ocurría. Comencé a tocarla. Una suave melodía para que no pensaran que era un arma y evitar que nos hicieran daño. Eva se puso a cantar de una forma muy dulce. En ese momento, otra luz la enfocó a ella y nos asustamos tanto que chillamos. Un conjunto de voces y aplausos estalló en ese momento. Regresaron las luces cegadoras y nuestra apariencia también había cambiado. Eva llevaba un traje de cuero negro ajustado y unas botas de, al menos, quince centímetros. Su rostro estaba completamente blanco excepto sus ojos delineados perfectamente en negro y sus labios completamente rojos. Yo noté una presión en mi pecho. Tenía un corsé blanco, una minifalda con vuelos y unas medias de red. 

    Miramos al frente y pudimos ver a miles de personas vitoreándonos. Comenzó un solo de bajo y me vi en la obligación de acompañarlo con la guitarra. Una increíble batería empezó a seguirnos y Eva comenzó a cantar de nuevo pero esta vez sacó su parte más heavy. Era una maldita locura. Estábamos dando un conciertazo ante miles de personas en un lugar que no conocíamos pero lo estábamos gozando. Saltábamos sobre el escenario cantando y gritando. La gente nos aclamaba. Muchos lloraban estirando sus brazos hacia nosotras. Se apelotonaban en la primera línea donde los guardias de seguridad evitaban que se pudieran acercar. Eva y yo nos miramos. También habíamos sido fans. Retrocedimos unos pasos y nos dimos la mano. Cogimos carrerilla y nos lanzamos hacia el público. 

- ¿Vas a hacerme caso y a parar un rato? De todas formas llegaré tarde a trabajar.- dijo Eva despertándome del pequeño letargo. 

- Tienes toda la razón. Vamos a ver el amanecer y a tocar un poco.- le contesté aparcando el coche.


A Ruth Fernández García, la mejor persona y mi mejor amiga (1979 - 2016)